seccio sindical d´UGT-Troll (SOT-UGT).
 BLOC PARA LA DIFUSIÓN Y DISCUSIÓN DE TEMÁTICAS SINDICALES|-|-|-|-|-|-|-|..CORREO ELECTRÓNICO: sot.ugt@gmail.com "Todas las organizaciones que componen la UGT de Catalunya se comprometen a practicar entre sí la solidaridad moral y material, haciendo todos los esfuerzos y los sacrificios que las circunstancias permitan a fin de que los trabajadores no se vean obligados a ceder en las luchas que provoquen sus demandas. Los afiliados que sufran represalias por causa de la defensa de los intereses de la UGT de Catalunya serán atendidos por las organizacines a las que pertenezcan". Título VII. De la Solidaridad y su articulación, Artículo 25 de los Estatutos de la UGT de Catalunya. "El día que los proletarios de Cataluña figuren en la Unión General de Trabajadores, estarán de pésame todos los patronos de nuestro país, porque no podrán abusar como hasta aquí de aquéllos a quienes explotan". A los socialistas catalanes. Pablo Iglesias, El Socialista, 24/10/1925.Xarxa sindical

4 Jul, 2008

Apenas han pasado los 100 de gracia de la nueva legislatura y el gobierno ya ha convocado a los agentes sociales. Cuando veo la foto de rigor del presidente junto a tirios y troyanos el primer acto reflejo que me viene es echar la mano a la cartera, es cosa de la memoria selectiva, de la desastrosa carrera hacia la nada que iniciamos con las reformas laborales de los años noventas. Es cierto que en este nuevo proceso que se inicia hemos perdido la cara ya familiar de Jose Maria Cuevas, aquel falangista que pasó de sapo a príncipe sin mediar beso de princesa y sin dejar de ser sapo, pero no es motivo de alegría suficiente como para compensar al temor de lo que pudiera surgir de la nueva ronda de conversaciones. Lo primero que nos cuestionamos, tal como nos han enseñado en los cursillos de negociación, es la necesidad una nueva reforma laboral. En una negociación se tienen que dar cosas a cambio de otras con el conocido fin de conseguir un resultado de ganar-ganar. Sin embargo, lo que debemos plantearnos es si nos queda algo por cambiar. La respuesta es claramente negativa. La legislación laboral está tan desregulada que no queda margen para buscar soluciones novedosas. Sin duda el precio del despido volverá a estar en el candelero así como la centralización sectorial de la negociación colectiva, instituciones ambas que han permanecido como las últimas contenciones a la voracidad de un mercado laboral controlado por los que pueden comprar fuerza de trabajo. Éstas son las últimas cartas que le quedan al movimiento sindical, y gobierno y empresarios van detrás de ellas desde hace mucho tiempo. Nuestros representantes no pueden cometer el error de negociar con esto, a riesgo de adelantar la agonía que arrastramos desde hace décadas. El gobierno socialista ya ha anunciado que no va a haber decretazo pero debemos ser cautos y no caer en el abrazo del oso (y no me refiero a Fidalgo). La situación de los sindicatos en el Estado español me recuerda a aquella deliciosa película de Ventura Pons titulada Gràcies per la Propina. En aquel film, dos hermanos iban vendiendo pequeñas parcelas de su hermosa finca de naranjales con el fin de conservar toda la finca familiar. Así, sin poder renunciar a las últimas defensas del derecho garantista, debemos presentarnos en la mesa de negociación como el agente social que ya ha hecho todos los sacrificios y ahora le toca recoger los frutos. Una pretensión irresoluble dado que gobierno y empresarios coinciden en las causas de la crisis y en las medidas para solventarla. La negociación social se presenta muy complicada y con la clara perspectiva que será una negociación de ganar-perder. La última reforma laboral de 2006 en un contexto diametralmente opuesto al actual fue inocua, no se tocaron los resortes del poder sindical, pero tampoco se cuestionaron las estrategias empresariales para acabar con la precariedad. Así, ahora, en un contexto marcado por la crisis, por la desconfianza y el miedo, es más que posible que el gobierno socialista opte por eliminar las últimas barreras sindicales que ralentizan la valorización de los capitales. El nuevo modelo productivo que preconizamos desde los sindicatos está muy alejado de las expectativas del gobierno, y no nos quedan más que argumentos para tratar de convencer a un gobierno acostumbrado a moverse entre empresarios y poderosos. No creo que podamos esperar nada bueno del nuevo diálogo social y de la reforma laboral que surja de él. Nos tocará correr dando vuelta a ciegas para quedarnos detrás de donde estábamos, un espacio del siglo XIX que gracias al debate de las 65 horas ya no nos parece tan extraño ni tan imposible.

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