BLOC PARA LA DIFUSIÓN Y DISCUSIÓN DE TEMÁTICAS SINDICALES|-|-|-|-|-|-|-|..CORREO ELECTRÓNICO: sot.ugt@gmail.com "Todas las organizaciones que componen la UGT de Catalunya se comprometen a practicar entre sí la solidaridad moral y material, haciendo todos los esfuerzos y los sacrificios que las circunstancias permitan a fin de que los trabajadores no se vean obligados a ceder en las luchas que provoquen sus demandas. Los afiliados que sufran represalias por causa de la defensa de los intereses de la UGT de Catalunya serán atendidos por las organizacines a las que pertenezcan". Título VII. De la Solidaridad y su articulación, Artículo 25 de los Estatutos de la UGT de Catalunya.
"El día que los proletarios de Cataluña figuren en la Unión General de Trabajadores, estarán de pésame todos los patronos de nuestro país, porque no podrán abusar como hasta aquí de aquéllos a quienes explotan". A los socialistas catalanes. Pablo Iglesias, El Socialista, 24/10/1925.
Hace dos viernes se presentó en el Tribunal Laboral de Catalunya un manifiesto firmado por los dos grandes sindicatos de Catalunya para solicitar un cambio de modelo productivo y la mejora de los salarios de los/as trabajadores/as. La importancia y la idoneidad de esta iniciativa viene radicada, sobre todo, por la expresión de una posición clara por parte del sindicalismo confederal catalán ahora que se empiezan a oir las primeras voces lastimeras de economistas y empresarios pidiendo una enésima vuelta de tuerca a la sociedad.
Sin embargo, sorprende que ahora se ponga el énfasis en la cuestión salarial. No se aporta nada nuevo sobre el modelo económico catalano-español que ha sido analizado y criticado con justicia desde la vertiente sindical desde hace años. Por más que se venía avisando que un crecimiento como el que se tenía no podía sostenerse por mucho tiempo, no se ha podido evitar la premonición de que más dura iba a ser la caída. Pero lejos de los que podíamos pensar, en esta década prodigiosa ya fenecida, los aumentos salariales no han estado en las agendas sindicales y sin duda es un hecho que sorprende. Durante lo que llevamos de siglo (y milenio) ha prevalecido el análisis económico,-como si fueran las centrales sindicales a las que les correspondiera gobernar- incidiendo en políticas macroeconómicas y llegando a grandes pactos de concertación con los gobiernos de turno. Con la ventaja de los años vencidos, hemos visto pactos globales que no han servido para mucho: El Pacto para la internacionalización de la economía para Catalunya o la reforma laboral de 2006 para España no han generado un ciclo virtuoso pero la degradación de los salarios obreros sí han continuado su tranquila debacle iniciada una década atrás. Si tratara de dar una respuesta a esta paradoja quizás me decantaría por pensar que nuestros dirigentes sindicales se han comportado más como planificadores económicos que como dirigentes de personas que están muy alejadas de los centros de poder.
Dejando de lado la evidencia lógica de no haber puesto en práctica una acción sindical más agresiva en términos salariales aprovechando la bonanza, el manifiesto unitario peca de varios defectos conceptuales: los empresarios (en general las personas) no cambian si las cosas van bien y/o nadie les obliga a ello. Aquí podríamos entrar en el viejo debate que ha alentado las querellas entre sociólogos e historiadores sobre las diferentes lógicas del desarrollo económico, pero la asignación eficiente de recursos se da en situaciones de escasez y no donde el capital está remunerado por demás. Muchos autores han reconocido en la presión sindical ese acicate por recomponer la tasa de beneficio del capital invertido. En este sentido no podría estar mayor desacuerdo con el manifiesto dado que una de las principales líneas económicas de los diferentes gobiernos ha sido la lucha antiinflacionista. El gobierno español ya no puede manipular los tipos de interés pero si puede poner en práctica la pura ortodoxia económica en cuanto al control del déficit público y la contención de la masa monetaria con la reducción de la deuda pública y la tesaurización de los excedentes generados por el superhábit de la seguridad social. De la misma manera sería irresponsable obviar que el otro camino de lucha contra la inflación ha sido la contención salarial y por este lado a fe que lo ha conseguido erosionando el poder adquisitivo de las clases populares. Para este fin el gobierno ha tenido el magnífico instrumento de la concertación social y desde los sindicatos no podemos olvidar que hemos firmado años tras año el AINC, acuerdo marco que nos ha constreñido en la negociación colectiva en márgenes salariales muy muy estrechos. Por lo tanto el problema no es que los gobiernos hayan fracasado en la lucha contra la inflación sino que han conseguido a través de las políticas de moderación salarial un trasvase de riqueza a sectores empresariales que no se lo merecían.
Por otro lado, y para acabar, este manifiesto lanza al conjunto de la sociedad catalana una señal de impotencia. Me explico. No se puede hablar de las situaciones de pobreza y de precariedad en los sectores de la hotelería o del comercio, dependencia etc., como si la historia no fuera con nosotros/as, es decir, la situación de estos sectores tradicionales y de otros emergentes dentro del sector terciario es el resultado de un fracaso sindical en organizar a estos trabajadores. Por lo tanto haríamos mejor en buscar un nuevo paradigma organizativo en lugar de denunciar la precariedad a la ciudadanía o de demandar clemencia y ayuda al gobierno de turno por más amigo que sea.
Así las cosas y sin abandonar el lenguaje bélico, la ofensiva por los salarios dignos parece más un aprestarse a preparar las trincheras por lo que tiene que venir del enemigo que una verdadera ofensiva para ocupar las posiciones contrarias. Y no va a ser poco. Como estrategia no está mal el lanzar el anzuelo muy lejos pues los representantes de la ortodoxia económica (de los empresarios) ya están pidiendo sacrificios a la sociedad. No es de extrañar que en cuanto vuelva a aparecer el déficit, cuando se dispare el paro, las patronales pidan de nuevo rebajas en las cotizaciones sociales, en los impuestos y el despido libre; por ello se tiene que plantar cara desde el movimiento sindical. Con lo poco que nos queda no podemos transigir, y haríamos bien en ir reforzando todo los que nos une a los dos sindicatos hermanos, dejando atrás lo que nos separa, por que hará falta una mano amiga –aunque sea de los compañeros/as de viaje- cuando las cosas se pongan todavía más negras.