9 Feb, 2008
Salarios Devaluados. A propósito de la aportación de Paco Fernández de Syntesia sobre ganancias salariales .
Hace ya algunos días, a partir de las informaciones que dimos desde nuestro blog sobre las tablas salariales para el 2008, nuestro compañero Paco Fernádez de Sytensia publicó un artículo donde criticaba sin citarnos, la valoración que hacíamos de la revalorización de los salarios del metal de Barcelona y pasaba a explicar lo que consideraba una devaluación de los salarios reales ("Incremento de salarios y desviación del IPC"). El propio Paco incitaba, como debe ser, al debate y nosotros con un poco de retraso y con la caballerosidad que nos caracteriza, hemos cogido el guante.
A los compañeros de Syntensia, les podemos consentir cualquier cosa, incluso que nos critiquen -que no es el caso- pero lo cierto es que coincidimos con las conclusiones de su artículo más no con el desarrollo que a nuestro entender, merece alguna matización. En primer lugar, debemos reafirmar la consideración en cuanto a los aumentos que se producen en el sector del metal. Para la negociación del nuevo convenio se mejora la evolución de los salarios reales, consiguiendo que -por mal que evolucione el IPC- se mantengan ganancias reales de alrededor de un punto porcentual; con las horas extras pasa algo parecido con lo que el salario mínimo para un metalúrgico mejora con respecto a convenios anteriores. Aquí, debemos dar la razón de nuevo al comentarista Josan, que por dos veces nos rechazó una valoración negativa sobre el comportamiento a la baja de los salarios. Otra cosa son las diferentes novedades que trae consigo el XV convenio del metal -y aquí seguro que nuestro admirado Josan no estará de acuerdo- pero el mayor impacto salarial es la moneda de cambio para introducir la desregulación de la jornada anual en forma de importantísimas medidas de flexibilidad, de renunciar a la semana de 35 horas y de alargar el propio convenio a los seis años.
Así, a nuestro juicio, en términos salariales se producen ganancias reales en nuestro sector, un sector que conviene decirlo, se precia de tener un convenio de referencia en cuanto a los mejor pagados. Aquí, ya podemos entrar en materia, dado que nuestro compañero de la red sitúa en la sóla regulación del salario base la causa de la disminución del poder adquisitivo de los salarios. A nosotros, que la ley en forma de convenio colectivo regule este concepto y otros pocos no nos parece mal, nos parece lógico; que exita una constelación de pluses y mejoras es una situación que en todo caso no nos debería preocupar, pues una nómina tendría que reflejar un concepto, a lo sumo dos o tres, pero no esas verdaderas relaciones que se dan en las nóminas de algunas empresas.
El problema, según nuestro criterio, se conforma por la escasa entidad de los aumentos del salario base. Esta evolución que tiende a la baja o al estancamiento en el mejor de los casos, sí que es la reponsable del empobrecimiento del conjunto de la clase trabajadora. Y no es problema de ahora sino que unde sus raices en el modelo de relaciones laborales que se fraguó a finales de los setentas y se concretó en el Estatuo de los Trabajadores de 1981. Justo en esta tesitura histórica y no en el hecho de que existan componentes salariales que queden fuera de convenio es donde descubrimos el comportamiento disociativo de los salarios en relación con la inflación. Hay que remontarse a 1977 para recordar que en los Pactos de la Moncloa los sindicatos -con una fuerza infinitamente mayor a la que tienen ahora- renuciaron a fijar las previsiones salariales sobre la inflación vencida a 31 de diciembre y ligarla a las previsiones del gobierno de turno y hay que recordar, de nuevo, que unos años después en las décadas de los ochentas y noventas, las centrales hicieron de la moderación salarial un eje básico de las políticas de concertación social. Por entonces, la gran apuesta sindical fue la de cambiar aumentos salariales por empleo, en un contexto marcado por la estangflación y el paro masivo, sin embargo el paro no disminuyó y los salarios iniciaron un declive parejo a la capidad de los sindicatos para defender el conjunto de las aspiraciones de los/as trabajadores/as.
Todavía hoy en día, a febrero de 2008 la moderación salarial sigue marcando el paso. No hace ni un mes que se firmó el AINC a nivel estatal para constreñir la negociación colectivo en aumentos salariales que no sobrepasen el 3%. Tenemos la constación real de que no se han cambiado en 25 años, altos salarios por empleo, sino trabajo estable y bien remunerado por precario y sin derechos, pero la moderación salarial sigue jugando hoy el mismo papel que entonces. Por ello situamos en este contexto altamente centralizado e institucionalizado la causa de la pobreza relativa de los trabajadores del Estado español en comparación de sus iguales europeos.
Fijémonos que nuestro sindicato está llevando a cabo una importante campaña para que no se firme ningún convenio por debajo de los 1000 €. Este hecho no deja de ser significativo de las humildes aspiraciones del sindicalismo español, dado que un bruto de 1000€ singnifica un salario real "en boca" de 700-800€, una remunenarión a todas luces insuficiente con el ritmo de vida de hoy en día. La verdadera aspiración sería la de situar el salario mínimo en 1000€, lo que obligaría a aumentar los mínimos de los convenios ante el efecto psicológico del límite de la supervivencia. Por lo tanto, aún coincidiendo en las conclusiones con Paco Fernández en la pérdida de poder adquisitivo del salario catalán (objetivable a su vez en la pérdida de peso en relación al PIB y a la remuneración del capital), situamos justo en el salario de convenio todas nuestras esperanzas de mejora. La proliferación de pluses no es más que el reconocimiento implícito por parte del empresario de un salario legal con el que no podría mantener a sus empleados, al tiempo claro, que le da un carácter individual que incide lo menos posible en su estructura de costes. Esta explicación es la que se ha dado desde las direcciones sindicales para justificar el aumento de las desigualdades del abanico salarial en el ámbito de nuestro convenio: las categorías mejor pagadas suben casi el doble que las peor pagadas, pues el objetivo es absorver las remuneraciones fuera de convenio que retienen a los trabajadores muy cualificados en las empresas. En el marco de cada fábrica, el trabajo sindical es el de vincular cualquier plus a la negociación colectiva, pero con carácter general la mejor salvaguarda es la de asegurar ganancias reales del salario mínimo y de las subidas de convenio, ligándolas a la inflación vencida, al territorio de referencia, hasta situar el nivel de remuneración real como mínimo sobre la media de los países de la Europa Occidental. Pero esto es una utopía, lo real es que los trabajadores/as catalanes/as y/o españoles/as nos veamos abocados al endeudamiento, al alargamiento de la jornada laboral, al cambio de las vacaciones por horas extras, al pluriempleo, a la economía sumergida y al no sindicalizarse por que puede resultar contraproducente.
En fin, hemos dado continuación al debate tal como quería nuestro compañero Paco. Insistimos que hay una coincidencia total en las conclusiones y supongo que en el modelo ibérico de bajos salarios, alta precariedad y baja sindicalización y en que, lo que nos toca es buscar las alternativas para revertir esta dinámica que nos devuelve al pasado. Para acabar os dejamos el texo de una conferencia realizada por el profesor de economía aplicada de la UAB, Albert Recio. Lleva por título Salarios devaluados justo el que hemos utilizado para encabezar nuestro artículo. Albert Recio es un docente que ha puesto su magisterio al servicio de los trabajadores y en esta discurso copiado explica mucho mejor lo que a nosotros, más mal que bien, nos gustaría haber reflejado.
Salarios Devaluados
Albert Recio, profesor de economía aplicada UAB (2007)
Hay datos que son tozudos y ahora resulta evidente que el poder adquisitivo del salario medio ha descendido a lo largo de la presente década.
Albert Recio
España vive una década de bonanza económica. Esto es lo que al menos dice la mayoría de los analistas económicos. Pero hay datos que son tozudos y ahora resulta evidente que el poder adquisitivo del salario medio ha descendido a lo largo de la presente década. Y asimismo lo ha hecho la participación de los salarios en la renta nacional, a pesar de que el porcentaje de asalariados en la población estadísticamente activa (pues no se cuenta el trabajo doméstico) no ha dejado de crecer. Una parte más grande de la población se reparte una parte más pequeña del pastel total. La contrapartida es clara: la sucesión de crecientes beneficios empresariales, de rentas de los altos cargos y consejeros....
La evidencia es tan clara que hoy ni siquiera la discuten los poderosos "think tanks" capitalistas. Aunque bueno sería recordarles que posiblemente los datos que poseemos siguen sobrevalorando el nivel del salario medio. Ello es debido a las limitaciones de las estadísticas salariales. Éstas no toman en consideración ni los salarios agrarios, ni los del servicio doméstico, ni los de las empresas de menos de 10 empleados... áreas donde se concentran los salarios más bajos. Pero no hay que pedir imposibles. Aun con las numerosas limitaciones de información es evidente que el "milagro económico español" lo ha sido sólo para una minoría social. Vale la pena añadir que el cálculo del IPC con el que se mide la variación del salario real, no tiene en consideración la evolución del precio de la vivienda de compra (pues no se considera un consumo sino una inversión) lo que minusvalora la pérdida de poder adquisitivo real de la parte de población que está en situación de compra de vivienda (lo que por edad corresponde a la parte de población que por edad está más presente en el mercado laboral).
La pregunta pertinente es ¿por qué ha ocurrido esto? ¿Quiénes son los responsables? ¿Cómo podemos combatirlo?
Para saber qué ha ocurrido hay que comparar tres tipos de datos: la información sobre negociación colectiva ?que indica qué pautas salariales se han negociado?, la evolución de los salarios ?que no sólo depende de la negociación colectiva, también de los cambios en el empleo, los pagos de antigüedad de primas salariales etc.? y la evolución del empleo por sectores, categorías profesionales, etc. No es tarea fácil, pero algunas cosas sí parecen claras. En la negociación colectiva per se no se ha perdido poder adquisitivo. Los sindicatos han negociado fundamentalmente aumentos de salarios algo superiores a la inflación (del orden del 0,5% por encima del IPC). Y en muchos casos han introducido cláusulas antiinflación que han permitido que una inflación mayor a la prevista se comiera toda la ganancia. Esto quiere decir que un trabajador con empleo estable ha experimentado una ligera mejoría de poder adquisitivo (aunque si es joven y ha tenido que comprar el piso el precio del mismo y/o el encarecimiento de la hipoteca se ha más que comido esta mejoría). Un primer problema es que no todo el mundo está cubierto con un convenio (aunque sí la mayoría) y otro, más común, es que en muchos el convenio se incumple.
Pero sin duda la mayor pérdida se ha producido por otra vía: por el mayor crecimiento de los empleos de bajos salarios (o de salarios inferiores). Ello ha ocurrido por vías diversas. Entre las principales pueden destacarse las siguientes. Primero, el mayor crecimiento del empleo en sectores donde predominan salarios bajos ?construcción, hostelería, servicios empresariales (limpieza, seguridad...), servicios sociales (geriatría), etc.? sin contar la expansión del servicio doméstico que ni siquiera se contabiliza. Segundo, las políticas de reorganización empresarial mediante el recurso al empleo temporal y la subcontratación. Los empleados temporales a menudo no reciben pluses a los que tienen derecho los empleados fijos. Más evidente es aún el juego de la subcontratación como un mecanismo de discriminación y abaratamiento salarial, puesto que a menudo las empresas externalizadas se acogen a convenios de sueldos más bajos. Por ejemplo la extrema externalización que usan las empresas automovilísticas permite observar que parte de la fuerza de trabajo que utilizan está amparada por convenios provinciales de otras ramas (químicas, metal, madera, transporte, etc.) Tercera, la sustitución generacional de plantillas, se despide a los empleados antiguos, que cobran pluses diversos, por gente joven sin tales derechos, cuando no se establece una doble escala para los nuevos. En definitiva, es la combinación de un cambio estructural con una reorganización del proceso productivo lo que está en gran medida en la base de este cambio.
Se habla mucho del papel de la inmigración. Este proceso ha sido sin duda promovido por los empresarios locales para garantizar un ejército de reserva que presionara los salarios a la baja (y hay numerosas evidencias en este sentido). Aunque una vez se han asentado los primeros grupos, la dinámica inmigratoria cobra una cierta autonomía. Pero su efecto sobre la caída de salarios debe matizarse en varios sentidos. Primero, los bajos salarios de los inmigrantes no se explican sólo por su impacto numérico. En gran medida son el resultado de las condiciones legales en las que tiene lugar el proceso migratorio. Las políticas migratorias de flujos no sólo constituyen barreras a la entrada, son un importante mecanismo de regulación del mercado laboral. Constituyen el trasfondo legal sobre el que se crean empleos con derechos sociales degradados (de servidumbre en el caso de los asistentes domésticos). No es "la oferta" donde está el problema, sino en la regulación. Segundo, los inmigrantes se han ocupado de actividades en franco crecimiento de la ocupación. No han generado una competencia por los mismos puestos de trabajo. Más bien han permitido a determinados sectores con escasez de mano de obra ?agricultura, construcción, comercio y logística, servicio doméstico y cuidados personales? expandirse con muy bajos salarios. Tercero, la degradación y aceptación de malas condiciones laborales no se limita a los inmigrantes, toda una masa de nuevos asalariados, especialmente jóvenes y mujeres de clase obrera, se han integrado a este mercado de condiciones degradadas. Como muestran las encuestas de opinión, el paro sigue constituyendo la mayor preocupación del país. Todo el mundo tiene el recuerdo de los años de paro masivo y sobre este temor se ha construido una cultura social de enorme tolerancia hacia la precariedad laboral.
Los responsables principales de esta degradación, y los principales beneficiarios, son sin duda los empresarios y su larga cohorte de directivos y asesores. Ellos son los protagonistas principales de los procesos de reestructuración organizativa y los principales impulsores de medidas favorables a la consolidación de esta situación. No deja de ser un sarcasmo que una parte de los ideólogos de la socialdemocracia demediada insistan en poner en ridículo la idea del conflicto entre clases sociales, cuando estamos asistiendo a una continuada, y hasta el momento bastante exitosa, ofensiva del capital frente al resto de la sociedad. Pero cabe preguntarse cuál es la responsabilidad del resto de agentes sociales y del Gobierno.
En una economía liberal ciertamente los salarios y los precios no los fija el Gobierno (con algunas excepciones), se negocian colectiva e individualmente. El papel del Gobierno en este terreno se concentra en la fijación del margen general ?las regulaciones básicas, la política macroeconómica, el discurso político que legitima determinadas actitudes? y en algunas pocas regulaciones específicas ?el salario mínimo?. En el primer campo, es evidente que los sucesivos gobiernos han contribuido a generar un espacio político favorable a esta situación. Las regulaciones laborales, las políticas migratorias y la política macroeconómica han favorecido un marco para la degradación salarial. Quizá aún peor es el discurso tecnocrático que se ha utilizado para justificar estas medidas. Un discurso basado en el catecismo de la economía neoliberal que cuenta con legiones de economistas socializados en estas creencias y que ha conseguido calar incluso en algunos sectores de las cúpulas sindicales. Quizá es inevitable, viendo tanto la hegemonía cultural del pensamiento neoclásico en el mundo universitario como el papel que juegan los organismos internacionales (Unión Europea, O.C.D.E., F.M.I...) que marcan las pautas a seguir a los Gobiernos. En el campo del salario mínimo, es también evidente que la política del país lo ha convertido en un instrumento incapaz de combatir los salarios más bajos. El salario mínimo español es el segundo más bajo de los países desarrollados y es inferior a la mayoría de salarios que se pagan en el mercado. Esta situación es el resultado de una política consciente de degradación que se inició con Felipe González y se agravó con Aznar. El gobierno Zapatero se comprometió a revertir la situación y ciertamente parece que va a cumplir el compromiso de acabar la legislatura con un salario mínimo de 600 €. El problema es que éste es aún un nivel inaceptable que no resuelve ningún problema real. Situar el nivel en torno a los 1000 €, lo que no parece descabellado, que realmente tendría un impacto sobre un elevado volumen de gente, se plantea como objetivo difícil vistas las resistencias que se generan cada vez que se pretende mejorar algo la situación. Ejemplo de ello es la "revuelta" que afrontó Zapatero cuando se comprometió con los sindicatos a revisar el salario mínimo de acuerdo con la inflación (como ocurre con las pensiones), una revuelta en la que fueron de la mano la CEOE, el Banco de España y el mismo Ministro de Economía. No deja de ser curioso que el argumento contrario a un aumento del salario mínimo ?la pérdida de competitividad exterior? ignore que la mayoría de salarios más bajos se sitúa en sectores que producen bienes y servicios para el consumo interno. Y que un sector como el turismo con salarios muy bajos se encuentre entre los que han experimentado aumentos más sostenidos de precios. La resistencia no es por miedo a la inflación, es porque afectaría a la distribución de la renta. Y ya se sabe que el dinero de los ricos no se toca.
Los sindicatos tienen también su parte de responsabilidad, aunque bastante menor. Aun con su timidez, no puede negarse que han realizado una acción de denuncia difícil de llevar a cabo en un marco social diseñado en parte para eludir la presencia sindical. Puestos a buscar responsabilidades creo que hay dos campos en los que sí se les deberíamos pedir cambios. Uno tiene que ver con su "discurso" cultural. Casi siempre a remolque de las directivas oficiales. Creyéndose a veces gestores de la economía y asumiendo los postulados de la economía neoliberal a menudo sin entenderlos. Por ejemplo cuando el Secretario de CC.OO. dice que el problema de los bajos salarios proviene de que en España se crean empleos de baja productividad, ignora dos cuestiones básicas. Primera, que es dudoso que el salario sea la contrapartida a la productividad y segunda, que es imposible saber cuál es la productividad relativa que genera cada sector. No es fácil discutir estos dogmas, pero esto es lo que deberíamos exigir a un dirigente sindical. Que fuera capaz de enfrentarse al discurso patronal con un discurso alternativo que diera sentido y orientación a sus propias bases y que fuera realmente eficaz para plantear los problemas de equidad y eficacia social que a la postre se dirimen en la cuestión salarial
Hay también un problema con la negociación colectiva. De una parte en el plano macroeconómico. Los neoliberales han sido capaces de hacernos olvidar que sólo hay una regla que impide que los salarios pierdan peso social, la de los aumentos salariales equivalentes a la suma del aumento de precios y de productividad. Pero también otra de modelo de negociación. En nuestro país la negociación obedece a un modelo confuso, hay convenios de empresa (habitualmente en las grandes) y sectoriales a diversos niveles ?provinciales, estatales, autonómicos? según el sector de actividad. Esto promueve el mantenimiento o incluso el crecimiento de las desigualdades, puesto que cada cual negocia según su correlación de fuerzas y, como ya se ha comentado, las empresas pueden jugar, dentro de ciertos límites, a elegir el marco de negociación más favorable. La propuesta neoliberal es la de promover una profundización de la negociación fragmentada que sin duda agravaría el problema. Reducir las enormes desigualdades salariales y, sobre todo, aumentar los salarios más bajos, sólo puede llevarse a cabo desde una negociación global en la que este objetivo esté explícito (como ha ocurrido en el bastante centralizado y, sin duda, bastante más igualitario modelo nórdico). Este debería ser un objetivo básico de la acción sindical. Aunque no puede ignorarse que alcanzarlo supone cambios importantes en el modelo sindical. Incluido en ello la cultura de los sectores más combativos que han hecho de la lucha en una sola empresa, habitualmente grande y con salarios más altos, el bastión de su acción. Luchar contra los bajos salarios y la degradación salarial exige una movilización y un debate general, y esto solo será factible si se plantea desde una dinámica que ayude a la recomposición de unas clases trabajadoras divididas y desorientadas.
Albert Recio
299 lectures