4 Gen, 2008
Solidaridad con los/as huelguistas de Madrid y de Barcelona
En estos días estamos asistiendo a una verdadera cruzada de los medios televisivos para demostrar la maldad intrínseca de los/as trabajdores/as que protagonizan luchas colectivas para conseguir mejoras de las condiciones de trabajo. Imágenes de autobuses apedreados se entremezclan con encapuchados que destrozan los pasillo del metro en un informativo tras otro. Se trata de una verdadera crurzada por parte del poder contra un segmento de la clase trabajadora que continúa conservando un envidiable poder de negociación. Por ello, ayuntamientos y poderes regionales han reaccionado de una manera tan dura, apostando fuerte para socavar la capacidad de movilización de los trabajadores de sectores públicos. Por desgracia, la pérdida paradigmas hegemónicos hasta hace bien poco convierte a cualquier lucha parcial por mejorar las condiciones laborales en una simple reivindicación corporativa antisolidaria que se realiza sobre los mismos sectores populares.
Revertir esta tendencia cultural es poco menos que imposible. El ciudadano aislado, que ha perdido toda referencia al cuestionamiento del orden laboral, que ha situado su dependencia laboral en un mero apéndice vital o aspira a sumarse a las vías culturales que aseguran el progreso económico, siente el ejercicio de la huelga en los medios públicos como una verdadera agresión de un grupo de privilegiados insolidarios. Sin embargo, y aunque podamos ser víctimas potenciales de la suciedad del metro de Madrid, de las basuras en Motril o de la falta de autobuses en Barna, debemos considerar que una victoria en esos conflictos parciales es una victoria para todos en unos tiempos en los que no hacemos otra cosa que acudir a las puertas de las fábricas para cerrar buenos expedientes de regulación. La garantía de que diferentes colectivos de trabajadores puedan mantener e incluso conquistar nuevos derechos en medio del repliegue generalizado es un aliciente para reinventar día a día el sindicalismo. Las condiciones de trabajo son el presupuesto para la vivencia de la ciudadanía. No se puede ser un ciudadano libre si antes no se es un trabajdor/a medianamente libre o en tránsito a serlo. Se puede ser un transeunte atribuladado y en constante cabreo por una esfera laboral que lo ahoga todo pero no un ciudadano libre. Por ello, mi solidaridad con los/as limpiadores/as del metro de Madrid, los basureros/as de Motril y los/as autobuseres de Barcelona. Son luchas justas que merecen ser ganadas, aunque me toque fastidiarme por unos días. Saludos a los compañer@s de sindicalista.org. El aumento del trabajo sindical en nuestra fábrica hace que no nos acerquemos a la red con la calidad y calidad que ésta marca día a día.
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