seccio sindical d´UGT-Troll (SOT-UGT).
 BLOC PARA LA DIFUSIÓN Y DISCUSIÓN DE TEMÁTICAS SINDICALES|-|-|-|-|-|-|-|..CORREO ELECTRÓNICO: sot.ugt@gmail.com "Todas las organizaciones que componen la UGT de Catalunya se comprometen a practicar entre sí la solidaridad moral y material, haciendo todos los esfuerzos y los sacrificios que las circunstancias permitan a fin de que los trabajadores no se vean obligados a ceder en las luchas que provoquen sus demandas. Los afiliados que sufran represalias por causa de la defensa de los intereses de la UGT de Catalunya serán atendidos por las organizacines a las que pertenezcan". Título VII. De la Solidaridad y su articulación, Artículo 25 de los Estatutos de la UGT de Catalunya. "El día que los proletarios de Cataluña figuren en la Unión General de Trabajadores, estarán de pésame todos los patronos de nuestro país, porque no podrán abusar como hasta aquí de aquéllos a quienes explotan". A los socialistas catalanes. Pablo Iglesias, El Socialista, 24/10/1925.Xarxa sindical

4 Jul, 2008

Apenas han pasado los 100 de gracia de la nueva legislatura y el gobierno ya ha convocado a los agentes sociales. Cuando veo la foto de rigor del presidente junto a tirios y troyanos el primer acto reflejo que me viene es echar la mano a la cartera, es cosa de la memoria selectiva, de la desastrosa carrera hacia la nada que iniciamos con las reformas laborales de los años noventas. Es cierto que en este nuevo proceso que se inicia hemos perdido la cara ya familiar de Jose Maria Cuevas, aquel falangista que pasó de sapo a príncipe sin mediar beso de princesa y sin dejar de ser sapo, pero no es motivo de alegría suficiente como para compensar al temor de lo que pudiera surgir de la nueva ronda de conversaciones. Lo primero que nos cuestionamos, tal como nos han enseñado en los cursillos de negociación, es la necesidad una nueva reforma laboral. En una negociación se tienen que dar cosas a cambio de otras con el conocido fin de conseguir un resultado de ganar-ganar. Sin embargo, lo que debemos plantearnos es si nos queda algo por cambiar. La respuesta es claramente negativa. La legislación laboral está tan desregulada que no queda margen para buscar soluciones novedosas. Sin duda el precio del despido volverá a estar en el candelero así como la centralización sectorial de la negociación colectiva, instituciones ambas que han permanecido como las últimas contenciones a la voracidad de un mercado laboral controlado por los que pueden comprar fuerza de trabajo. Éstas son las últimas cartas que le quedan al movimiento sindical, y gobierno y empresarios van detrás de ellas desde hace mucho tiempo. Nuestros representantes no pueden cometer el error de negociar con esto, a riesgo de adelantar la agonía que arrastramos desde hace décadas. El gobierno socialista ya ha anunciado que no va a haber decretazo pero debemos ser cautos y no caer en el abrazo del oso (y no me refiero a Fidalgo). La situación de los sindicatos en el Estado español me recuerda a aquella deliciosa película de Ventura Pons titulada Gràcies per la Propina. En aquel film, dos hermanos iban vendiendo pequeñas parcelas de su hermosa finca de naranjales con el fin de conservar toda la finca familiar. Así, sin poder renunciar a las últimas defensas del derecho garantista, debemos presentarnos en la mesa de negociación como el agente social que ya ha hecho todos los sacrificios y ahora le toca recoger los frutos. Una pretensión irresoluble dado que gobierno y empresarios coinciden en las causas de la crisis y en las medidas para solventarla. La negociación social se presenta muy complicada y con la clara perspectiva que será una negociación de ganar-perder. La última reforma laboral de 2006 en un contexto diametralmente opuesto al actual fue inocua, no se tocaron los resortes del poder sindical, pero tampoco se cuestionaron las estrategias empresariales para acabar con la precariedad. Así, ahora, en un contexto marcado por la crisis, por la desconfianza y el miedo, es más que posible que el gobierno socialista opte por eliminar las últimas barreras sindicales que ralentizan la valorización de los capitales. El nuevo modelo productivo que preconizamos desde los sindicatos está muy alejado de las expectativas del gobierno, y no nos quedan más que argumentos para tratar de convencer a un gobierno acostumbrado a moverse entre empresarios y poderosos. No creo que podamos esperar nada bueno del nuevo diálogo social y de la reforma laboral que surja de él. Nos tocará correr dando vuelta a ciegas para quedarnos detrás de donde estábamos, un espacio del siglo XIX que gracias al debate de las 65 horas ya no nos parece tan extraño ni tan imposible.

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31 Mai, 2008

Con motivo del despido de uno de nuestros delegados en las bodegas Torres de Villafranca del Penedès, el compañero José Rodríguez, publicó un artículo en su blog personal sobre la persecución sindical a la que nos seguimos enfrentando todavía los sindicalistas. La colaboración, fechada en marzo no ha perdido actulidad, dado que la web de nuestro sindicato nos muestra cada día algún caso de algún compañero despedido por su compromiso con la UGT. Bodegas Torres, Miquel y Costas, Viena, y el culebrón sin fin de las empresas del grupo El Corte Ingés. Resulta difícil ver la entrevista realizada días atrás a Oscar López y no estremercerse por el calvario que pasan jornada a jornada nuestros compañeros/as que han osado enfrentarse a los/as abrazafarolas de Isidoro Álvarez. Por ello merece la pena detenerse a reflexionar en el compromiso de la lucha sindical. Para la mayoría de nosotros/as la opción sindical significa la renuncia a una carrera profesional dentro de la empresa. Sobre la ley no debería ser así pero sabemos que no llegaremos a más de lo que estamos ahora; aún así estamos mejor que muchos compañeros que no tienen asegurado ni su mera supervivencia profesional si se mantienen fieles a las coordenadas del sindicalismo de clase y no ceden. Así, parece de recibo cuestionarse una serie de cosas, en primer lugar: ¿se puede ser negociador en un contexto donde se le niega a un sindicalista su mera supervivencia física?. Parece claro que no. No se trata de alentar ese sindicalismo de piedra y silicona que connotaba Rodríguez, pero los establecimientos Viena o Torres o Litosplai parecen no dejar otro margen. Me refiero a que la acción sindical no es buena ni mala en sí misma, es decir, se define en función de la dinámica a la que debe enfrentarse. Resulta extemporéneo mostrarse moderado frente a un oponente que niega la mera razón de ser, de la misma manera que no se entendería la silicona y el maximalismo frente a una relación encauzada en la coparticipación sincera. El problema viene cuando toda una organización está volcada en una vocación de diáologo y de empatía con el contrario en una sociedad donde el oponente, a través de sus mil caras demuestra su desprecio y su odio por nosotros. Hay alguna de la afirmaciones de Rodríguez con las que no puedo estar de acuerdo. Me sorprende sobre todo, esa especie de atención a los propios empresarios sobre el hecho de que actitudes antisindicales abran la puerta a sindicatos más radicales y problemáticos. Esta afirmación tiene una cierta certeza pero una evidencia terrible, dado que sólo nos podríamos remitir a aquellos centros de trabajo donde, gracias a violencias antiguas, tuviéramos reconocida la capacidad negociadora y la oportunidad de participar y concertar. No se puede ser negociador y moderado con el empresario que no quiere negociar, ni siquiera reconocer como openente leal a los trabajadores. Como sindicato sería un grandísmo error esperar a que aparezca alguien de la CGT o por el estilo para que organice a los trabajadores. Lo que hace falta es que como organización sindical reconozcamos que la sociedad es compleja y que frente a un sector o una empresa con un convenio y una concertación fabulosa hay centeranes de empresarios a los que les gustaría vernos colgados del árbol más alto, por ello deberíamos actuar en consecuencia, dotando al sindicato de la mayor flexibilidad y moderación pero al mismo tiempo de la mayor dureza y firmeza posible. Fuera del sector público, los sectores con mayor organización sindical y capacidad de negociación son los que están afectados por la deslocalización y la crisis. Conforme cierran grandes empresas que han conocido grandes ciclos de luchas y huelgas, se articulan nuevas sectores económicos que evolucionan sobre representaciones sindicales débiles y sin capacidad de respuesta, un círculo vicioso que desincentiva la afiliación y alimenta la sobervia de los empresarios para tratar a los sindicalistas como escoria. Si no somos capaces de revertir esta tendencia histórica, nos esperan tiempos muy negros.

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27 Mai, 2008

Hace dos viernes se presentó en el Tribunal Laboral de Catalunya un manifiesto firmado por los dos grandes sindicatos de Catalunya para solicitar un cambio de modelo productivo y la mejora de los salarios de los/as trabajadores/as. La importancia y la idoneidad de esta iniciativa viene radicada, sobre todo, por la expresión de una posición clara por parte del sindicalismo confederal catalán ahora que se empiezan a oir las primeras voces lastimeras de economistas y empresarios pidiendo una enésima vuelta de tuerca a la sociedad. Sin embargo, sorprende que ahora se ponga el énfasis en la cuestión salarial. No se aporta nada nuevo sobre el modelo económico catalano-español que ha sido analizado y criticado con justicia desde la vertiente sindical desde hace años. Por más que se venía avisando que un crecimiento como el que se tenía no podía sostenerse por mucho tiempo, no se ha podido evitar la premonición de que más dura iba a ser la caída. Pero lejos de los que podíamos pensar, en esta década prodigiosa ya fenecida, los aumentos salariales no han estado en las agendas sindicales y sin duda es un hecho que sorprende. Durante lo que llevamos de siglo (y milenio) ha prevalecido el análisis económico,-como si fueran las centrales sindicales a las que les correspondiera gobernar- incidiendo en políticas macroeconómicas y llegando a grandes pactos de concertación con los gobiernos de turno. Con la ventaja de los años vencidos, hemos visto pactos globales que no han servido para mucho: El Pacto para la internacionalización de la economía para Catalunya o la reforma laboral de 2006 para España no han generado un ciclo virtuoso pero la degradación de los salarios obreros sí han continuado su tranquila debacle iniciada una década atrás. Si tratara de dar una respuesta a esta paradoja quizás me decantaría por pensar que nuestros dirigentes sindicales se han comportado más como planificadores económicos que como dirigentes de personas que están muy alejadas de los centros de poder. Dejando de lado la evidencia lógica de no haber puesto en práctica una acción sindical más agresiva en términos salariales aprovechando la bonanza, el manifiesto unitario peca de varios defectos conceptuales: los empresarios (en general las personas) no cambian si las cosas van bien y/o nadie les obliga a ello. Aquí podríamos entrar en el viejo debate que ha alentado las querellas entre sociólogos e historiadores sobre las diferentes lógicas del desarrollo económico, pero la asignación eficiente de recursos se da en situaciones de escasez y no donde el capital está remunerado por demás. Muchos autores han reconocido en la presión sindical ese acicate por recomponer la tasa de beneficio del capital invertido. En este sentido no podría estar mayor desacuerdo con el manifiesto dado que una de las principales líneas económicas de los diferentes gobiernos ha sido la lucha antiinflacionista. El gobierno español ya no puede manipular los tipos de interés pero si puede poner en práctica la pura ortodoxia económica en cuanto al control del déficit público y la contención de la masa monetaria con la reducción de la deuda pública y la tesaurización de los excedentes generados por el superhábit de la seguridad social. De la misma manera sería irresponsable obviar que el otro camino de lucha contra la inflación ha sido la contención salarial y por este lado a fe que lo ha conseguido erosionando el poder adquisitivo de las clases populares. Para este fin el gobierno ha tenido el magnífico instrumento de la concertación social y desde los sindicatos no podemos olvidar que hemos firmado años tras año el AINC, acuerdo marco que nos ha constreñido en la negociación colectiva en márgenes salariales muy muy estrechos. Por lo tanto el problema no es que los gobiernos hayan fracasado en la lucha contra la inflación sino que han conseguido a través de las políticas de moderación salarial un trasvase de riqueza a sectores empresariales que no se lo merecían. Por otro lado, y para acabar, este manifiesto lanza al conjunto de la sociedad catalana una señal de impotencia. Me explico. No se puede hablar de las situaciones de pobreza y de precariedad en los sectores de la hotelería o del comercio, dependencia etc., como si la historia no fuera con nosotros/as, es decir, la situación de estos sectores tradicionales y de otros emergentes dentro del sector terciario es el resultado de un fracaso sindical en organizar a estos trabajadores. Por lo tanto haríamos mejor en buscar un nuevo paradigma organizativo en lugar de denunciar la precariedad a la ciudadanía o de demandar clemencia y ayuda al gobierno de turno por más amigo que sea. Así las cosas y sin abandonar el lenguaje bélico, la ofensiva por los salarios dignos parece más un aprestarse a preparar las trincheras por lo que tiene que venir del enemigo que una verdadera ofensiva para ocupar las posiciones contrarias. Y no va a ser poco. Como estrategia no está mal el lanzar el anzuelo muy lejos pues los representantes de la ortodoxia económica (de los empresarios) ya están pidiendo sacrificios a la sociedad. No es de extrañar que en cuanto vuelva a aparecer el déficit, cuando se dispare el paro, las patronales pidan de nuevo rebajas en las cotizaciones sociales, en los impuestos y el despido libre; por ello se tiene que plantar cara desde el movimiento sindical. Con lo poco que nos queda no podemos transigir, y haríamos bien en ir reforzando todo los que nos une a los dos sindicatos hermanos, dejando atrás lo que nos separa, por que hará falta una mano amiga –aunque sea de los compañeros/as de viaje- cuando las cosas se pongan todavía más negras.

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7 Mai, 2008

El pasado 1º de mayo varios compañer@s del SOT-UGT estuvimos en la manifestación de Barcelona. Vamos a la mani siempre que podemos porque lo hemos hecho siempre y te vas encontrando con los compañeros de militancia que han ido tomando otros caminos pero con los que acabas coincidiendo siempre en esta fecha y otras puntuales, cuando a la derecha de siempre le da por cometer alguna barrabasada. Supongo que sucede que para muchos de nosotros el sindicalismo es la misma esencia de la vida y ya no sabemos distinguir lo uno de lo otro. No sólo la vida se constituye en una pasión estéril –al encuentro del gran hacedor de aforismos que fue Sartre- sino la pasión doblemente inútil por el sindicalismo que nos llena de un convencimiento claro en cuanto a las escasas posibilidades de éxito colectivo. El encuentro de la multitud sigue teniendo todavía un halo de secreto mágico en una radiante mañana primaveral, pero incita de seguida a una reacción de nostalgia por el paso inexorable de los años. Cuando empecé a ir a las manis del 1 de mayo por los primeros noventas, la asistencia era infinitamente mayor, empezaba antes y mucho más atrás para dar acomodo a una comitiva de decenas de miles de manifestantes; los veteranos de la década anterior ya contaban una letanía parecida en cuanto a las décadas precedentes. No nos tenemos que dejar impresionarnos por el pasado pero sí entiendo la necesidad de dar respuesta a una pregunta que se reformula y se presenta con una intensidad cada vez mayor: ¿No está en crisis la misma noción de sindicalismo de clase?. Nos debemos hacer esta pregunta si consideramos como cierta una contradicción que tiene carácter de irresoluble, es decir la creciente disociación entre capacidad de representación y capacidad de negociación, o traducido en términos más asequibles: capacidad de asegurar el nivel de cohesión y de reproducción de la clase social. Si se da una mirada general sobre lo que significa el primero de mayo, lo que ha quedado de ritual, la decreciente atención que se le presta desde los medios de comunicación no deja de ser sorprendente que nos encontremos en el mismo momento histórico con la mayor capacidad en términos de delegados/as electos/as y de afiliación. ¿Nos podemos dejar de preguntar sobre la contradicción de que sobre una masa de cien mil delegados entre los dos grandes sindicatos apenas se congregaran en las capitales catalanas poco más de cinco mil trabajadores? Ya no se trata ni de hablar de afiliados a los que se les supone un nexo de unión mucho más débil, sino a un ejército de delegados que ha pasado por todo un proceso de adhesión activa. No casan las cifras que quedan a los dos lados de la igualdad. No se entiende esa creciente disociación entre un mayor número de efectivos y un declive en la capacidad real de presentarse ante la sociedad rodeada del imaginario propio, y portando valores universales frente a un auditorio cada vez más menguado. A mi modo de ver, el 1 de mayo es el exponente primaveral de unas organizaciones sindicales que se siguen proclamando portadoras de unos valores universales incuestionables, pero que han perdido la capacidad hegemónica de aglutinar a los diferentes sectores sociales subalternos. En esencia todos los sindicatos de clase se siguen organizando como hace cien años, como si la globalización económica y la concentración del capital no hubieran existido; como si el sector secundario fuera el predominante con el fordismo intacto en economías cerradas, o como si la misma evolución económica no hubiera echo añicos la misma fuente de la capacidad obrera para organizar el monopolio en la oferta de trabajo. Las relaciones sociales que casi obligaban a la solidaridad material ( el gran taller fordista, el barrio, la huelga) han desaparecido y sólo queda el recuerdo indeleble para el que vivió la solidaridad entre trabajadores. Un lenguaje extraño para la generación de hoy, un lenguaje con características de jerga que es apercibido por la mayoría de trabajadores como el exponente de un grupo cerrado con perfíles corporativos que defiende y/o representa a un pequeño sector de trabajadores pero no al conjunto. Para ser fieles a los primeros de mayo sucesivos se impone una tarea primera en el ámbito del sindicalismo: la interpretación correcta del signo de los tiempos. Aquella organización que sepa aprehender las líneas de fuga que marcan la sociedad será la que se lleve el gato al agua y la que recuperará el favor (interesado) de los trabajadores; si ninguna organización sindical siente esta necesidad, no va a cambiar nada pero la clase trabajadora se desdibujará aún más dando la llave del gobierno a la derecha reaccionaria ( a la del racismo y la privatización) y completando el ciclo de trasbase de riqueza del trabajo al capital y la desarticulación del estado del bienestar. Nos encontramos en un momento de desconcierto y que debe de ser necesariamente de cambio. El ciclo del sindicalismo de ramo ha llegado a su fin (posiblemente con su maridaje con el sistema de comités de empresa), sin embargo no se vislumbra ninguna alternativa plausible. A nosotros/as nos pillará, vayan las cosas como vayan, trabajando por que de algún modo, esta apuesta tan firme y tan descorazonadora a la vez, de organizar y defender a los trabajadores ya ha decidido por nosotros. Y el año que viene volveremos a la manifestación del 1º de mayo porque la capacidad de indignación es la misma hoy que el día que asesinaron a los mártires de Chicago.

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8 Abr, 2008

La finalización de la huelga del sector judicial dependiente de la Administración Central ha dejado cierta perplejidad en el ambiente. La rápida conclusión de un conflicto que se alargaba por espacio de dos meses no ha hecho más que delimitarnos donde se acaba el sindicalismo y donde empieza la política. Y no sólo eso, sino que ha constituido una asombrosa lección práctica de sociología sobre el papel de la masa social, más concretamente de como se articula, de como actua como un actor único y de como finalmente, las elites sociales acaparan este movimiento, lo interpretan y lo anulan según sus propios intereses. Trataremos de despejar algunas incógnitas. En primer lugar, está claro que ha sido una victoria sindical. Hasta un diario tan progubernamental como El País reconocía sin ambajes este hecho. Hablaba de la asunción de casi todos los objetivos sindicales y se interrogaba sobre la tardanza de dos meses en llegar a tal solución. De aquí surge una primera reflexión: de una reivindicación tan justa y tan hegemónica en su consideración, se han necesitado dos meses de huelga y de lucha. El corolario está claro: hay que aguantar y tensar hasta tal extremo las cosas que se ponga todo al borde del abismo: saltan todas las alarmas, se intuye el caos, se santifica al ciudadano y se criminaliza al trabajador. Otra cosa no sirve, parece que el Estado no entiende otro lenguaje que el de la tensión extrema(con o sin violencia). Cuando la situación llega a tal extremo que no hay vuelta atrás, llega la hora de la negociación de verdad. Sin embargo, este extremo ha significado que desde el lado sindical se desprecie el papel ejercido por los representates dotados con legitimidad para negociar, directamente interpelidos por sus representados y sean sustituidos por sus superiores, unos dirigentes que no tienen papel directo en el conflicto. Desde la prensa se aireó el hecho de que "habían perdido la confianza". Puede que la confianza la perdieran los representantes del ministerio de justicia, asalariados y subordinados al fin y al cabo, del ministro Bermejo, pero nunca de los representantes sindicales de CCOO y UGT cuya confianza radica en el apoyo de los miles de trabajadores afiliados y sin afiliar, pero nunca de sus superiores y menos aún del propio ministerio. Está claro que el sacrificio de los negociadores de CCOO y de UGT ha sido un precio político a pagar para sacar al ministerio de justicia del atoyadero en el que estaba metido, pero nuestros sindicatos no tendrían que haber entrado en este juego. También parece que ha quedado un poco en entredicho la capacidad democrática de los sindicatos. No sólo por quitar a los negociadores legítimos y colocar a otros ajenos impuestos por el gobierno, sino por el hecho de firmar un acuerdo sin llevarlo a refrendo a las bases. Los compañeros que negociaban desde primera hora llegaron a un preacuerdo días atrás, lo sometieron a votación, perdieron y siguieron adelante con la movilización dando un gran ejemplo de responsabilidad democrática y liderazgo efectivo; los secretarios generales han firmado directamente con el ministro como si no se fieran de los compañeros/as. Los otros sindicatos minoritarios sí han llevado el acuerdo a referendum (una maniobra redundante de todos modos) y ese 61% de apoyo se queda muy corto para una consulta de esas características e indica bien a las claras, la fractura que se adivina en el mundo laboral de la justicia. En fin, no nos extenderemos más. Es una victoria con sabor a derrota. En todo el proceso se ha evidenciado con claridad cuales son los cauces marcados asignados al sindicalismo de clase pero también cual es la frontera infranqueable. Como última reflexión, no estaría demás que el ayuntamiento de Barcelona tomara buena nota del desarrollo y desenlace este conflicto y deje de martirizarnos con el conflicto de los autobuses. La reivindicación de los autobuseros de TMB es del mismo estilo que la de los trabajadores de los juzgados, por ello haría bien en no tensar la situación hasta límites extremos para luego conceder los dos días. Enhorabuena para los compañeros de justicia de las comunidades dependientes del Ministerio y suerte a los compañeros de TMB (para los afiliados de UGT que apoyan también las movilizaciones!)

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12 Mar, 2008

A raíz del 85 aniversario del asesinato de Salvador Seguí han aparecido varias colaboraciones sobre la figura del Noi del Sucre, una figura histórica de primer orden sin la que no se puede entender el primer tercio del siglo pasado en Catalunya. Sin embargo, las aportaciones que se han realizado con motivo del acto de homenaje realizado por sindicalistes x la sobirania no me parece del todo afortunadas, sobre todo el último post con la firma de Chakir El Homani desde su blog personal. En primer lugar -y hablo siguiendo los argumentos de Chakir-"este país" tiene tradiciones sindicales diferentes y la del Noi del Sucre no es precisamente la que pueda representar hoy en día la UGT.
Salvador Seguí fue una persona importante sin lugar a dudas, y este hecho queda corroborado por el privilegio que gozan pocos personajes históricos de ser reivindicados por diferentes corrientes políticas o sindicales muchas veces encontradas. Al "Noi" lo reivindican sus herederos legítimos: los sindicalistas libertarios, pero también la UGT y CCOO. Esto es muy difícil de conciliar, más aún la pretensión de Camil Ros o Cesc Poc de considereralo poco menos que un sindicalista x la sobirania "avant la lettre". Evidentemente estas aportaciones son anacrónicas, es decir, pecan de ese vicio tan humano y tan histórico de aderezar el pasado según las necesidades del presente. Siguiendo al hilo de lo razonado por nuestro compañero de Avalot, se me antoja difícil considerar si la decisión de acabar con la huelga general fue acertada y si constituyó la primera piedra de un sindicalismo nacional caracterizado por la moderación y la negociación. Siguiendo con la elucubración histórica, yo apostaría por el no, dado que el propio Salvador cayó abatido por las balas de los empresarios apenas tres años después. Fue uno de tantos líderes obreros que cerró la lista de los asesinados por los pistoleros patronales. Muchos de los trabajadores que la noche de la plaza de toros pudieron besar a sus mujeres e hijos luego irían cayendo uno a uno victimas de una clase empresarial que no quería interlocución ni radical ni moderada. A mí se me hace extraño pensar que Salvador Seguí fuera treintista, quién puede definir una trayectoria así. Un compañero de los años del plomo como Ángel Pestaña (un sindicalista con menos "charme" pero mucho más adecuado al pérfil que busca Chakri como precursor)acabó en posiciones moderadas en los treintas con el Partido Sindicalista, proceso contrario al que llevaron muchos sindicalistas socialistas que de la participación en elecciones o la colaboración con la dictadura de Primo de Rivera, evolucionaron a posiciones revolucionarias. El propio Joan Peiró -otro héroe que hay que reivindicar día sí y día también- regresó a la CNT una vez que las elites burguesas hicieron imposible la concertación social como fundamento del régimen político.

En todo caso, El Noi del Sucre actuó en función de las urgencias del trienio negro, quizás pesó más el miedo a los Cambós y compañía o al general MartínezAnido que la opción por la moderación, o quizás creyó que la correlación de fuerzas o la falta de hegemonia dentro de la clase trabajadora no aconsejaba un golpe de fuerza como el que los bolcheviques habían dado apenas unos meses atrás en San Petersburgo. Lo que me parece más correcto con la trayectoria personal del Noi del Sucre y en general, con la evolución de la clase obrera catalana es la consideración que anteponía la lealtad a la clase social por encima de la patria, concepto éste poco maduro y extraño a los obreros/as de inicio del siglo XX. Los trabajadores/as del primer tercio siglo tuvieron que hacer frente a una burguesía hostil que apostaba por liquidar manu militari "la cuestión obrera", esto fue a la postre lo que mantuvo la radicalidad del obrero catalán hasta la derrota en la guerra civil; y esto fue, por otro lado, lo que hizo que el proletariado catalán diera la espalda al modelo de concertación social que simbolizaba la UGT, que languideció en la marginalidad hasta el mismo 1936.

Por tanto, y para acabar, me uno a la admiración al Noi del Sucre y no sólo para él, sino para todos los sindicalistas de primeros de siglo que hiceron posible las organizaciones obreras más potentes de la historia contemporánea. Pero la memoria de Salvador Seguí pertenece a los suyos, a los sindicalistas libertarios. Si los compañeros de UGT que forman parte de sindicalites x la sobirania quieren buscar referentes históricos que refuercen sus posiciones actuales tendrián que buscar en otros caladeros, en la modesta UGT de entonces, en personajes que no evocan, sin embargo, tantas resonancias heroicas, sindicalistas como Cuenca, Comorera o el propio Comaposada. No mucho, o en otros hitos como los aludidos Layret o Companys, personajes dignos de homenaje y de admiración pero que pertenecían a otra clase social, no a la clase trabajadora.



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6 Mar, 2008

En el número de enero-febrero de Tiempos Modernos publiqué este mismo artículo pidiendo el voto para los partidos de izquierdas a los/as compañeros/as de la fábrica. Ahora lo vierto en nuestro blog para tratar de movilizar conciencias -un poco más si cabe- para que no se escape la victoria el próximo domingo.

A pesar de que la sección sindical como tal no se ha pronunciado sobre las elecciones, muchos compañeros llevamos días haciendo pedagogía de la participación electoral y del apoyo a los partidos de raigambre obrera. Los accionistas y ejecutivos que voten a los suyos, a los que prometen una nueva vuelta de tuerca a los derechos laborales y la desaparición de los impuestos al capital, pero ni un sólo voto de los trabajadores/as se puede perder en la abstención para que no haga posible el triunfo de una sociedad más abierta y más igualitaria.

Ni un voto para la Derecha en el 9-M

El próximo 9 de marzo tenemos cita electoral para renovar el parlamento español. Cada convocatoria electoral es especial y nos sitúa en la tesitura de cambios que nos parecen cruciales. En esta ocasión, las elecciones están marcadas por el cambio de ciclo económico. El modelo que ha permitido crecer al Estado español muy por encima de las economías de nuestro entorno, está cercano a agotarse, y el gobierno que salga del nuevo parlamento surgido del 9-M no tendrá más remedio que gestionar la crisis. Precisamente por ello, es de capital importancia que votemos a los partidos de izquierdas. No podemos permitir que la derecha españolista o catalanista se haga con el poder para aplicar medidas basadas en la desregulación de la economía y en la destrucción de la progresividad del sistema fiscal. Estas medidas sólo protegen a los que tienen activos aumentando así, la desigualdad social y la pobreza de las clases trabajadoras.

Por ello debemos votar a los partidos de izquierda herederos del movimiento obrero, es decir, al PSC o a ICV-EUiA para que apliquen las medidas oportunas que palien los efectos de la desaceleración económica y remonten la crisis. Ahora más que nunca necesitamos una coalición de izquierdas al frente de un estado fuerte que intervenga en la economía y dé voz y participación a las organizaciones de los trabajador@s y de la sociedad civil en el ámbito de lo político. Ahora se necesita más que nunca una aumento del gasto público que corrija la atonía del sector privado, que supere a base de obra pública y vivienda protegida la recesión de la construcción, y que mejore las prestaciones a los sectores sociales más desfavorecido continuando la vía abierta por la ley de Igualdad o la subida del salario mínimo. Ahora se necesita una fiscalidad progresiva que grave a los ricos y dote al gobierno de los recursos necesarios para asegurar una sanidad y una educación pública de calidad acorde con las necesidades de la sociedad. Este programa sólo lo pueden llevar a cabo los partidos de la izquierda unidos. Ni un sólo voto de l@s trabajador@s debe ir a para al PP o a CIU. Nos jugamos el futuro insolidario, inseguro del PP o la sociedad abierta, igualitaria llena de oportunidades del proyecto emancipatorio de la izquierda.

Hasta aquí el artículo. No quiero acabar sin desear suerte a las movilizaciones de la gente del transporte de Valencia, Madrid y Barcelona. Sobre todo a estos últimos que luchan por una causa justa y merecen ganar la huelga. Suerte para ellos!.



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12 Feb, 2008

Este artículo tenía la voluntad de aparecer como un comentario en la última aportación del blog de los/as compañeros/as de Syntensia. Como no lo ha dejado cargar, no nos queda más remedio que publicarlo desde el nuestro a la vista de todos/as.

Apreciado Paco:
Estamos encantados de haber iniciado una pequeña controversia en una red de blogs, donde apenas hay discusión. En primer lugar, y antes de entrar en materia, os decimos que nunca nos hemos sentido ofendidos, sino al contrario, alagados al comprobar que se sigue nuestro trabajo. Respecto al tema de la crítica, este término ha acabado por tener una acepción común ampliamente aceptada como una valoración negativa o peyorativa, cuando en pruridad, criticar es simplimente valorar. Por tanto nos encanta la crítica, y si encima es positiva pues mejor que mejor.
Respecto a la controversia de los salarios... realmente entamos en las mismas coordenadas, es decir,en la coincidencia de la constante erosión de la renta de los trabajadores/as. Pero seguimos insitiendo que la causa del problema está en una legislación más cercana del laisser faire laisser passer liberal que del intervencionismo socialdemócrata.
Yo creo que hay muchos pluses que por su propia condición son muy difíciles de generalizar. Al mismo tiempo la posibilidad de generarlos es infinita, dado que cada empresario individual buscará un salario de equilibrio o de mercado muy por encima del legal para retener a la gente qe le interese. Al mismo tiempo, una legislación como la nuestra alejada de las directrices comunitarias (el salario mínimo tendría que ser como mínimo -valga la redundancia- un 65% del salario medio) permite que en un mismo polígono se dé una empresa con unos niveles salariales excelentes (y obviamente con una organización sindical también excelente) junto a otra que paga salarios de miseria de 700 € al mes. Por lo tanto lo importante sería la consecución de leyes justas que dejaran conceptos básicos como el mínimo, nocturnidad, penosidad etc en un precio real y justo.
Respecto al tema de la inflación estamos completamente de acuerdo. Si hubieran mediciones independientes se podría comprobar que el nivel de esta magnitud está muy por encima de las cifras oficiales. Ayer mismo El País explicaba que los productos de primera necesidad habían subido un 8%, por lo tanto qué importa para un bolsillo obrero que baje la informática o la ropa; por otro lado, el IPC no incluye el precio del interés del dinero que se lleva una parte importante del salario en las hipotecas.
El empobrecimeinto está claro. Una población activa como nunca la había habido en el Estado español, se reparte una proporción menor del PIB. Al tiempo que ha disminuido la cotización media a la seguridad social. La causa de esta situación no es tanto la desviación del IPC con respecto de las subidas de convenio (medio protegidas por las cláusulas de revisión) como la existencia de convenios basura que regulan muy poco.
Según nuestros propios cálculos, para la vigencia del anterior convenio del metal (2003-06)se mantuvo una ganacia salarial de 0,3% anual; es decir, que el salario quedó practicamente estancado pero no perdió valor. El problema viene para los sectores sin convenio o para los convenios sin representación sindical que acaban undiendo los salarios y de paso, todas las condiciones de trabajo. Aquí, es donde no podemos estar de acuerdo contigo en la fortaleza del sindicalismo de clase. A mi entender, asistimos a la gran paradoja de explicar la debilidad de unas organizaciones que tienen más delegados, más afiliados que nunca, pero al mismo tiempo una resonancia decreciente en el conjunto de la sociedad. Por ello toca un doble esfuerzo, presionar en el ámbito político para garantizar salarios, subsidios y prestaciones verdaderamente mínimos y renovar las estructuras sindicales para adecuarlas a una relidad cambiante que nada tiene que ver con el modo organizacional que arrastran los sindicatos desde hace casi un siglo.
Como siempre, nuestro saludo más cálido para los compañeros/as de Syntesia, en la certeza de que siempre vamos a estar dando el callo desde la UGT para mejorar la suerte de los/as trabajadores/as.
Hasta pronto, y a ver si quedamos para tomar unas cervezas algún finde.
Paco López.



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9 Feb, 2008

Salarios Devaluados. A propósito de la aportación de Paco Fernández de Syntesia sobre ganancias salariales .

Hace ya algunos días, a partir de las informaciones que dimos desde nuestro blog sobre las tablas salariales para el 2008, nuestro compañero Paco Fernádez de Sytensia publicó un artículo donde criticaba sin citarnos, la valoración que hacíamos de la revalorización de los salarios del metal de Barcelona y pasaba a explicar lo que consideraba una devaluación de los salarios reales ("Incremento de salarios y desviación del IPC"). El propio Paco incitaba, como debe ser, al debate y nosotros con un poco de retraso y con la caballerosidad que nos caracteriza, hemos cogido el guante.

A los compañeros de Syntensia, les podemos consentir cualquier cosa, incluso que nos critiquen -que no es el caso- pero lo cierto es que coincidimos con las conclusiones de su artículo más no con el desarrollo que a nuestro entender, merece alguna matización. En primer lugar, debemos reafirmar la consideración en cuanto a los aumentos que se producen en el sector del metal. Para la negociación del nuevo convenio se mejora la evolución de los salarios reales, consiguiendo que -por mal que evolucione el IPC- se mantengan ganancias reales de alrededor de un punto porcentual; con las horas extras pasa algo parecido con lo que el salario mínimo para un metalúrgico mejora con respecto a convenios anteriores. Aquí, debemos dar la razón de nuevo al comentarista Josan, que por dos veces nos rechazó una valoración negativa sobre el comportamiento a la baja de los salarios. Otra cosa son las diferentes novedades que trae consigo el XV convenio del metal -y aquí seguro que nuestro admirado Josan no estará de acuerdo- pero el mayor impacto salarial es la moneda de cambio para introducir la desregulación de la jornada anual en forma de importantísimas medidas de flexibilidad, de renunciar a la semana de 35 horas y de alargar el propio convenio a los seis años.

Así, a nuestro juicio, en términos salariales se producen ganancias reales en nuestro sector, un sector que conviene decirlo, se precia de tener un convenio de referencia en cuanto a los mejor pagados. Aquí, ya podemos entrar en materia, dado que nuestro compañero de la red sitúa en la sóla regulación del salario base la causa de la disminución del poder adquisitivo de los salarios. A nosotros, que la ley en forma de convenio colectivo regule este concepto y otros pocos no nos parece mal, nos parece lógico; que exita una constelación de pluses y mejoras es una situación que en todo caso no nos debería preocupar, pues una nómina tendría que reflejar un concepto, a lo sumo dos o tres, pero no esas verdaderas relaciones que se dan en las nóminas de algunas empresas.

El problema, según nuestro criterio, se conforma por la escasa entidad de los aumentos del salario base. Esta evolución que tiende a la baja o al estancamiento en el mejor de los casos, sí que es la reponsable del empobrecimiento del conjunto de la clase trabajadora. Y no es problema de ahora sino que unde sus raices en el modelo de relaciones laborales que se fraguó a finales de los setentas y se concretó en el Estatuo de los Trabajadores de 1981. Justo en esta tesitura histórica y no en el hecho de que existan componentes salariales que queden fuera de convenio es donde descubrimos el comportamiento disociativo de los salarios en relación con la inflación. Hay que remontarse a 1977 para recordar que en los Pactos de la Moncloa los sindicatos -con una fuerza infinitamente mayor a la que tienen ahora- renuciaron a fijar las previsiones salariales sobre la inflación vencida a 31 de diciembre y ligarla a las previsiones del gobierno de turno y hay que recordar, de nuevo, que unos años después en las décadas de los ochentas y noventas, las centrales hicieron de la moderación salarial un eje básico de las políticas de concertación social. Por entonces, la gran apuesta sindical fue la de cambiar aumentos salariales por empleo, en un contexto marcado por la estangflación y el paro masivo, sin embargo el paro no disminuyó y los salarios iniciaron un declive parejo a la capidad de los sindicatos para defender el conjunto de las aspiraciones de los/as trabajadores/as.

Todavía hoy en día, a febrero de 2008 la moderación salarial sigue marcando el paso. No hace ni un mes que se firmó el AINC a nivel estatal para constreñir la negociación colectivo en aumentos salariales que no sobrepasen el 3%. Tenemos la constación real de que no se han cambiado en 25 años, altos salarios por empleo, sino trabajo estable y bien remunerado por precario y sin derechos, pero la moderación salarial sigue jugando hoy el mismo papel que entonces. Por ello situamos en este contexto altamente centralizado e institucionalizado la causa de la pobreza relativa de los trabajadores del Estado español en comparación de sus iguales europeos.

Fijémonos que nuestro sindicato está llevando a cabo una importante campaña para que no se firme ningún convenio por debajo de los 1000 €. Este hecho no deja de ser significativo de las humildes aspiraciones del sindicalismo español, dado que un bruto de 1000€ singnifica un salario real "en boca" de 700-800€, una remunenarión a todas luces insuficiente con el ritmo de vida de hoy en día. La verdadera aspiración sería la de situar el salario mínimo en 1000€, lo que obligaría a aumentar los mínimos de los convenios ante el efecto psicológico del límite de la supervivencia. Por lo tanto, aún coincidiendo en las conclusiones con Paco Fernández en la pérdida de poder adquisitivo del salario catalán (objetivable a su vez en la pérdida de peso en relación al PIB y a la remuneración del capital), situamos justo en el salario de convenio todas nuestras esperanzas de mejora. La proliferación de pluses no es más que el reconocimiento implícito por parte del empresario de un salario legal con el que no podría mantener a sus empleados, al tiempo claro, que le da un carácter individual que incide lo menos posible en su estructura de costes. Esta explicación es la que se ha dado desde las direcciones sindicales para justificar el aumento de las desigualdades del abanico salarial en el ámbito de nuestro convenio: las categorías mejor pagadas suben casi el doble que las peor pagadas, pues el objetivo es absorver las remuneraciones fuera de convenio que retienen a los trabajadores muy cualificados en las empresas. En el marco de cada fábrica, el trabajo sindical es el de vincular cualquier plus a la negociación colectiva, pero con carácter general la mejor salvaguarda es la de asegurar ganancias reales del salario mínimo y de las subidas de convenio, ligándolas a la inflación vencida, al territorio de referencia, hasta situar el nivel de remuneración real como mínimo sobre la media de los países de la Europa Occidental. Pero esto es una utopía, lo real es que los trabajadores/as catalanes/as y/o españoles/as nos veamos abocados al endeudamiento, al alargamiento de la jornada laboral, al cambio de las vacaciones por horas extras, al pluriempleo, a la economía sumergida y al no sindicalizarse por que puede resultar contraproducente.

En fin, hemos dado continuación al debate tal como quería nuestro compañero Paco. Insistimos que hay una coincidencia total en las conclusiones y supongo que en el modelo ibérico de bajos salarios, alta precariedad y baja sindicalización y en que, lo que nos toca es buscar las alternativas para revertir esta dinámica que nos devuelve al pasado. Para acabar os dejamos el texo de una conferencia realizada por el profesor de economía aplicada de la UAB, Albert Recio. Lleva por título Salarios devaluados justo el que hemos utilizado para encabezar nuestro artículo. Albert Recio es un docente que ha puesto su magisterio al servicio de los trabajadores y en esta discurso copiado explica mucho mejor lo que a nosotros, más mal que bien, nos gustaría haber reflejado.

Salarios Devaluados

Albert Recio, profesor de economía aplicada UAB (2007)

Hay datos que son tozudos y ahora resulta evidente que el poder adquisitivo del salario medio ha descendido a lo largo de la presente década.

Albert Recio

España vive una década de bonanza económica. Esto es lo que al menos dice la mayoría de los analistas económicos. Pero hay datos que son tozudos y ahora resulta evidente que el poder adquisitivo del salario medio ha descendido a lo largo de la presente década. Y asimismo lo ha hecho la participación de los salarios en la renta nacional, a pesar de que el porcentaje de asalariados en la población estadísticamente activa (pues no se cuenta el trabajo doméstico) no ha dejado de crecer. Una parte más grande de la población se reparte una parte más pequeña del pastel total. La contrapartida es clara: la sucesión de crecientes beneficios empresariales, de rentas de los altos cargos y consejeros....

La evidencia es tan clara que hoy ni siquiera la discuten los poderosos "think tanks" capitalistas. Aunque bueno sería recordarles que posiblemente los datos que poseemos siguen sobrevalorando el nivel del salario medio. Ello es debido a las limitaciones de las estadísticas salariales. Éstas no toman en consideración ni los salarios agrarios, ni los del servicio doméstico, ni los de las empresas de menos de 10 empleados... áreas donde se concentran los salarios más bajos. Pero no hay que pedir imposibles. Aun con las numerosas limitaciones de información es evidente que el "milagro económico español" lo ha sido sólo para una minoría social. Vale la pena añadir que el cálculo del IPC con el que se mide la variación del salario real, no tiene en consideración la evolución del precio de la vivienda de compra (pues no se considera un consumo sino una inversión) lo que minusvalora la pérdida de poder adquisitivo real de la parte de población que está en situación de compra de vivienda (lo que por edad corresponde a la parte de población que por edad está más presente en el mercado laboral).

La pregunta pertinente es ¿por qué ha ocurrido esto? ¿Quiénes son los responsables? ¿Cómo podemos combatirlo?

Para saber qué ha ocurrido hay que comparar tres tipos de datos: la información sobre negociación colectiva ?que indica qué pautas salariales se han negociado?, la evolución de los salarios ?que no sólo depende de la negociación colectiva, también de los cambios en el empleo, los pagos de antigüedad de primas salariales etc.? y la evolución del empleo por sectores, categorías profesionales, etc. No es tarea fácil, pero algunas cosas sí parecen claras. En la negociación colectiva per se no se ha perdido poder adquisitivo. Los sindicatos han negociado fundamentalmente aumentos de salarios algo superiores a la inflación (del orden del 0,5% por encima del IPC). Y en muchos casos han introducido cláusulas antiinflación que han permitido que una inflación mayor a la prevista se comiera toda la ganancia. Esto quiere decir que un trabajador con empleo estable ha experimentado una ligera mejoría de poder adquisitivo (aunque si es joven y ha tenido que comprar el piso el precio del mismo y/o el encarecimiento de la hipoteca se ha más que comido esta mejoría). Un primer problema es que no todo el mundo está cubierto con un convenio (aunque sí la mayoría) y otro, más común, es que en muchos el convenio se incumple.

Pero sin duda la mayor pérdida se ha producido por otra vía: por el mayor crecimiento de los empleos de bajos salarios (o de salarios inferiores). Ello ha ocurrido por vías diversas. Entre las principales pueden destacarse las siguientes. Primero, el mayor crecimiento del empleo en sectores donde predominan salarios bajos ?construcción, hostelería, servicios empresariales (limpieza, seguridad...), servicios sociales (geriatría), etc.? sin contar la expansión del servicio doméstico que ni siquiera se contabiliza. Segundo, las políticas de reorganización empresarial mediante el recurso al empleo temporal y la subcontratación. Los empleados temporales a menudo no reciben pluses a los que tienen derecho los empleados fijos. Más evidente es aún el juego de la subcontratación como un mecanismo de discriminación y abaratamiento salarial, puesto que a menudo las empresas externalizadas se acogen a convenios de sueldos más bajos. Por ejemplo la extrema externalización que usan las empresas automovilísticas permite observar que parte de la fuerza de trabajo que utilizan está amparada por convenios provinciales de otras ramas (químicas, metal, madera, transporte, etc.) Tercera, la sustitución generacional de plantillas, se despide a los empleados antiguos, que cobran pluses diversos, por gente joven sin tales derechos, cuando no se establece una doble escala para los nuevos. En definitiva, es la combinación de un cambio estructural con una reorganización del proceso productivo lo que está en gran medida en la base de este cambio.

Se habla mucho del papel de la inmigración. Este proceso ha sido sin duda promovido por los empresarios locales para garantizar un ejército de reserva que presionara los salarios a la baja (y hay numerosas evidencias en este sentido). Aunque una vez se han asentado los primeros grupos, la dinámica inmigratoria cobra una cierta autonomía. Pero su efecto sobre la caída de salarios debe matizarse en varios sentidos. Primero, los bajos salarios de los inmigrantes no se explican sólo por su impacto numérico. En gran medida son el resultado de las condiciones legales en las que tiene lugar el proceso migratorio. Las políticas migratorias de flujos no sólo constituyen barreras a la entrada, son un importante mecanismo de regulación del mercado laboral. Constituyen el trasfondo legal sobre el que se crean empleos con derechos sociales degradados (de servidumbre en el caso de los asistentes domésticos). No es "la oferta" donde está el problema, sino en la regulación. Segundo, los inmigrantes se han ocupado de actividades en franco crecimiento de la ocupación. No han generado una competencia por los mismos puestos de trabajo. Más bien han permitido a determinados sectores con escasez de mano de obra ?agricultura, construcción, comercio y logística, servicio doméstico y cuidados personales? expandirse con muy bajos salarios. Tercero, la degradación y aceptación de malas condiciones laborales no se limita a los inmigrantes, toda una masa de nuevos asalariados, especialmente jóvenes y mujeres de clase obrera, se han integrado a este mercado de condiciones degradadas. Como muestran las encuestas de opinión, el paro sigue constituyendo la mayor preocupación del país. Todo el mundo tiene el recuerdo de los años de paro masivo y sobre este temor se ha construido una cultura social de enorme tolerancia hacia la precariedad laboral.

Los responsables principales de esta degradación, y los principales beneficiarios, son sin duda los empresarios y su larga cohorte de directivos y asesores. Ellos son los protagonistas principales de los procesos de reestructuración organizativa y los principales impulsores de medidas favorables a la consolidación de esta situación. No deja de ser un sarcasmo que una parte de los ideólogos de la socialdemocracia demediada insistan en poner en ridículo la idea del conflicto entre clases sociales, cuando estamos asistiendo a una continuada, y hasta el momento bastante exitosa, ofensiva del capital frente al resto de la sociedad. Pero cabe preguntarse cuál es la responsabilidad del resto de agentes sociales y del Gobierno.

En una economía liberal ciertamente los salarios y los precios no los fija el Gobierno (con algunas excepciones), se negocian colectiva e individualmente. El papel del Gobierno en este terreno se concentra en la fijación del margen general ?las regulaciones básicas, la política macroeconómica, el discurso político que legitima determinadas actitudes? y en algunas pocas regulaciones específicas ?el salario mínimo?. En el primer campo, es evidente que los sucesivos gobiernos han contribuido a generar un espacio político favorable a esta situación. Las regulaciones laborales, las políticas migratorias y la política macroeconómica han favorecido un marco para la degradación salarial. Quizá aún peor es el discurso tecnocrático que se ha utilizado para justificar estas medidas. Un discurso basado en el catecismo de la economía neoliberal que cuenta con legiones de economistas socializados en estas creencias y que ha conseguido calar incluso en algunos sectores de las cúpulas sindicales. Quizá es inevitable, viendo tanto la hegemonía cultural del pensamiento neoclásico en el mundo universitario como el papel que juegan los organismos internacionales (Unión Europea, O.C.D.E., F.M.I...) que marcan las pautas a seguir a los Gobiernos. En el campo del salario mínimo, es también evidente que la política del país lo ha convertido en un instrumento incapaz de combatir los salarios más bajos. El salario mínimo español es el segundo más bajo de los países desarrollados y es inferior a la mayoría de salarios que se pagan en el mercado. Esta situación es el resultado de una política consciente de degradación que se inició con Felipe González y se agravó con Aznar. El gobierno Zapatero se comprometió a revertir la situación y ciertamente parece que va a cumplir el compromiso de acabar la legislatura con un salario mínimo de 600 €. El problema es que éste es aún un nivel inaceptable que no resuelve ningún problema real. Situar el nivel en torno a los 1000 €, lo que no parece descabellado, que realmente tendría un impacto sobre un elevado volumen de gente, se plantea como objetivo difícil vistas las resistencias que se generan cada vez que se pretende mejorar algo la situación. Ejemplo de ello es la "revuelta" que afrontó Zapatero cuando se comprometió con los sindicatos a revisar el salario mínimo de acuerdo con la inflación (como ocurre con las pensiones), una revuelta en la que fueron de la mano la CEOE, el Banco de España y el mismo Ministro de Economía. No deja de ser curioso que el argumento contrario a un aumento del salario mínimo ?la pérdida de competitividad exterior? ignore que la mayoría de salarios más bajos se sitúa en sectores que producen bienes y servicios para el consumo interno. Y que un sector como el turismo con salarios muy bajos se encuentre entre los que han experimentado aumentos más sostenidos de precios. La resistencia no es por miedo a la inflación, es porque afectaría a la distribución de la renta. Y ya se sabe que el dinero de los ricos no se toca.

Los sindicatos tienen también su parte de responsabilidad, aunque bastante menor. Aun con su timidez, no puede negarse que han realizado una acción de denuncia difícil de llevar a cabo en un marco social diseñado en parte para eludir la presencia sindical. Puestos a buscar responsabilidades creo que hay dos campos en los que sí se les deberíamos pedir cambios. Uno tiene que ver con su "discurso" cultural. Casi siempre a remolque de las directivas oficiales. Creyéndose a veces gestores de la economía y asumiendo los postulados de la economía neoliberal a menudo sin entenderlos. Por ejemplo cuando el Secretario de CC.OO. dice que el problema de los bajos salarios proviene de que en España se crean empleos de baja productividad, ignora dos cuestiones básicas. Primera, que es dudoso que el salario sea la contrapartida a la productividad y segunda, que es imposible saber cuál es la productividad relativa que genera cada sector. No es fácil discutir estos dogmas, pero esto es lo que deberíamos exigir a un dirigente sindical. Que fuera capaz de enfrentarse al discurso patronal con un discurso alternativo que diera sentido y orientación a sus propias bases y que fuera realmente eficaz para plantear los problemas de equidad y eficacia social que a la postre se dirimen en la cuestión salarial

Hay también un problema con la negociación colectiva. De una parte en el plano macroeconómico. Los neoliberales han sido capaces de hacernos olvidar que sólo hay una regla que impide que los salarios pierdan peso social, la de los aumentos salariales equivalentes a la suma del aumento de precios y de productividad. Pero también otra de modelo de negociación. En nuestro país la negociación obedece a un modelo confuso, hay convenios de empresa (habitualmente en las grandes) y sectoriales a diversos niveles ?provinciales, estatales, autonómicos? según el sector de actividad. Esto promueve el mantenimiento o incluso el crecimiento de las desigualdades, puesto que cada cual negocia según su correlación de fuerzas y, como ya se ha comentado, las empresas pueden jugar, dentro de ciertos límites, a elegir el marco de negociación más favorable. La propuesta neoliberal es la de promover una profundización de la negociación fragmentada que sin duda agravaría el problema. Reducir las enormes desigualdades salariales y, sobre todo, aumentar los salarios más bajos, sólo puede llevarse a cabo desde una negociación global en la que este objetivo esté explícito (como ha ocurrido en el bastante centralizado y, sin duda, bastante más igualitario modelo nórdico). Este debería ser un objetivo básico de la acción sindical. Aunque no puede ignorarse que alcanzarlo supone cambios importantes en el modelo sindical. Incluido en ello la cultura de los sectores más combativos que han hecho de la lucha en una sola empresa, habitualmente grande y con salarios más altos, el bastión de su acción. Luchar contra los bajos salarios y la degradación salarial exige una movilización y un debate general, y esto solo será factible si se plantea desde una dinámica que ayude a la recomposición de unas clases trabajadoras divididas y desorientadas.

Albert Recio

Texto citado



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4 Gen, 2008

En estos días estamos asistiendo a una verdadera cruzada de los medios televisivos para demostrar la maldad intrínseca de los/as trabajdores/as que protagonizan luchas colectivas para conseguir mejoras de las condiciones de trabajo. Imágenes de autobuses apedreados se entremezclan con encapuchados que destrozan los pasillo del metro en un informativo tras otro. Se trata de una verdadera crurzada por parte del poder contra un segmento de la clase trabajadora que continúa conservando un envidiable poder de negociación. Por ello, ayuntamientos y poderes regionales han reaccionado de una manera tan dura, apostando fuerte para socavar la capacidad de movilización de los trabajadores de sectores públicos. Por desgracia, la pérdida paradigmas hegemónicos hasta hace bien poco convierte a cualquier lucha parcial por mejorar las condiciones laborales en una simple reivindicación corporativa antisolidaria que se realiza sobre los mismos sectores populares.

Revertir esta tendencia cultural es poco menos que imposible. El ciudadano aislado, que ha perdido toda referencia al cuestionamiento del orden laboral, que ha situado su dependencia laboral en un mero apéndice vital o aspira a sumarse a las vías culturales que aseguran el progreso económico, siente el ejercicio de la huelga en los medios públicos como una verdadera agresión de un grupo de privilegiados insolidarios. Sin embargo, y aunque podamos ser víctimas potenciales de la suciedad del metro de Madrid, de las basuras en Motril o de la falta de autobuses en Barna, debemos considerar que una victoria en esos conflictos parciales es una victoria para todos en unos tiempos en los que no hacemos otra cosa que acudir a las puertas de las fábricas para cerrar buenos expedientes de regulación. La garantía de que diferentes colectivos de trabajadores puedan mantener e incluso conquistar nuevos derechos en medio del repliegue generalizado es un aliciente para reinventar día a día el sindicalismo. Las condiciones de trabajo son el presupuesto para la vivencia de la ciudadanía. No se puede ser un ciudadano libre si antes no se es un trabajdor/a medianamente libre o en tránsito a serlo. Se puede ser un transeunte atribuladado y en constante cabreo por una esfera laboral que lo ahoga todo pero no un ciudadano libre. Por ello, mi solidaridad con los/as limpiadores/as del metro de Madrid, los basureros/as de Motril y los/as autobuseres de Barcelona. Son luchas justas que merecen ser ganadas, aunque me toque fastidiarme por unos días. Saludos a los compañer@s de sindicalista.org. El aumento del trabajo sindical en nuestra fábrica hace que no nos acerquemos a la red con la calidad y calidad que ésta marca día a día.



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26 Set, 2007

Me alegro doblemente por la reaparición del blog de la sección sindical de Syntesia con una colaboración de opinión que es una invitación al debate. Desde estas mismas páginas (electrónicas) habíamos advertido en anteriores ocasiones de la falta de debate y de aportaciones teorícas que se da en esta red. Tampoco es la primera vez que mostramos nuestra sana envidia por otros foros -primos hermanos algunos- que muestras verdaderos torbellinos de colaboraciones y debates encendidos sobre la base de aportaciones e ideas siempre en renovación. Qué se le va a hacer, como dice el refrán castizo, no hay más cera que la que arde y los pocos blogs que publican con regularidad adquieren un tono informativo con un regusto de asepsia que ya quisieran muchos redactores de diarios para sí.

En fin, volvemos sobre el principio, lo cierto es que nuestro compañero Paco Fernández se ha arrancado con un artículo lleno de interrogantes y de preguntas que claman a gritos ser respondidas o como mínimo, tenidas en cuenta. Es curioso que yo -y muchos otros compañeros con los que coincidimos en estas bregas sindicales-hemos llegado -cada uno por su lado- a formulaciones parecidas, por que en todo caso, el trabajo al que nos deberiamos dedicar es al de intentar desentrañar la paradoja de asitir a un momento histórico concreto, donde nos encontramos con la mayor afiliación de la historia -hablo en general-, con el mayor número de delegados/as y con unas organizaciones objetivamente mejor preparadas que nunca y al mismo tiempo con una debilidad estructural del movimiento sindical.

Sobre esta evidencia que no pasa desapercibida a nadie, es donde tendríamos que empezar a escarbar para empezar a buscar respuestas. Yo de momento, y es lo que toca ahora, sigo lanzando preguntas: cada día se consiguen comités o delegados de personal nuevos, pero ¿cuántas secciones sindicales se crean? La sección sindical es la expresión inequívoca de un grupo de trabajadores/as por organizarse y gestionar su situación de dependencia, mientras un comité puede ser una maniobra importada desde fuera sin arraigo entre los trabajadores. La sección sindical vertebra y organiza el sindicato mientras el comité o delegado no genera lazos orgánicos. En aquellos sitios o fábricas donde las secciones sindicales han controlado la creación de los comités de empresa, ésta ha sido una gran herramienta para los/as trabjadores/as, allá donde se ha impuesto desde fuera, éste ha podido ser pasto de vividores, de las gerencias de las mismas empresa y algunas veces, por qué no de trabajadores decentes con vocación de servicio público.

El gran drama que vive hoy en día el sindicalismo -hablo siempre en general de sindicalismo de clase- es la de la destrucción de las grandes concentraciones obreras sindicalizadas y la eclosión d pequeñas unidades productivas con representaciones sindicales inermes e indefensas ante las gerencias empresariales. Cuando cierra una empresa como Braun, Miniwat o Philips no es sólo un negocio que muere sino toda una cultura obrera de organización, de participación que deseparece; en su lugar abren nuevos negocios donde el obrero ya no es un personaje colectivo sino una suma de individuos aislados en donde el Comité de Empresa no sirve para casi nada.

Sobre una situación como la descrita no cabe recurrir a la típica crítica facilona del extremismo izquierdista sobre los burócratas malos, la connivencia con la política etc., pero sí cabe una nueva pregunta: el modelo de organización actual creado en los años veintes del siglo pasado sobre la base del sindicato de ramo, ¿es capaz de abarcar una sociedad y unas relaciones laborales como las actuales?. Yo creo sinceramente que no. El hecho de la debilidad estructural del sindicalismo actual se debe a que está estructurado para un modelo social que ya no existe, por ello es incapaz de afiliar a una capa cada vez mayor de trabajadores que ya no trabajan en grandes fábricas taylorizadas.

El sindicalismo tiene hoy un peso instucional innegable. Sin embargo, es interesante compara el espacio que ocupaban en los diarios hace 20 años y el que ocupan hoy. La tendencia es a desaparecer y cuando aparecen siempre es por un cierre. Por ello urge una reflexión sobre la realidad que vivimos. Los sindicatos tienen su propia inercia y su cuota institucional y esto va a ser muy difícil que desaparezca, pero lo que sí veremos es como cada vez más los trabajadores/as de a pie nos va air dando la espalda porque ya no les servimos.

Entre todos/as hemos de buscar nuevas respuestas porque los retos simpre son los mismos. En el año 2002 en un libro coral publicado por nuestro sindicato titulado El Futur del sindicalisme, el sociólogo Manuel Castell escribía que sólo había una cosa tan antigua como la opresión: la resistencia a la opresión. En la coincidencia con la aseveración de nuestro sociólogo más internacional, no me cabe duda que entre todos encontraremos las respuestas a las preguntas que hoy nos desasosegan.

Saludos a los blogueros de la casa del pueblo de sindicalista.org



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19 Set, 2007

Coincidiendo con las vacaciones de agosto se dejó notar un frenazo en el ritmo de funcionamiento de nuestra red sindical. En principio, parecía que sindicalista.org se desperezaría con la misma parsimonia y desgana que todos/as nos incorporábamos al nuevo curso en nuestras fábricas, pero no ha sido así. Transcurren los días y nuestra blogosfera da una gran sensación de parálisis. La página principal no se renueva y sólo publica el gabinete de comunicación que lo hace aprovechando la sinergia de la labor informativa de los profesionales del ámbito de nuestro sindicato.

Blogueros ilustres y prolíficos en su tiempo nos han abandonado, como Ildefonso Marín de Fira de Barcelona al que añoramos y odiamos en secreto por habernos abandonado por una página web propia. También nos acordamos de Jose Rodríguez, el padre de la criatura al que muchos atribuíamos poderes mágicos y que andará liado con vaya a usted a saber que proyectos interesantes; más tirando para acá, Pepe y Compañeros o Paco de Syntesia han ido retirándose hacia el silencio.

Sindicalista.org da una cierto aire de abandono. No hay más que mirar artículos parapetados en la página principal con hasta once spams en los comentarios. Entrar al bloc propio es como volver a la casa después de un bombardeo: hay que barrer primero los spams que se multiplican a diario. Parece como ya no hubiera nadie al otro lado. En fin la marea de los blogs está en horas bajas y suponemos que nuestra blogosfera no se puede desligar de la tónica general.

Nuestra sección sinidical seguirá apostando por esta red que nos sigue pareciendo un fantástico instrumento de comunicación con nuestras/os compañras/os de la fábrica y con gente del sindicato desde la base. Hemos seguido la lucha titánica de nuestra gente de comercio (esperamos el regreso de Moisés Berruezo) contra el Corte Inglés y seguiremos todas la noticias que los blogueros ugetistas quieran llevar para conocimiento de todas/as. Saludos, ánimos y nos vemos en esta misma página que es la casa del pueblo (virtual) de la clase trabajadora.



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2 Ago, 2007

Como ha pasado otras veces este artículo tenía como vocación aperecer como comentario al último artículo del bloc de la sección sindical de Synteshia. Por razones que escapan a mi escasa cultura informática el comentario no se podía colgar, así que debido a la importancia de reconocer siempre que tenga oportunidad a la gente que se dejó la piel en la República y en la Guerra, lo cuelgo en nuestro blog. De antemano, felicito a Paco y compañer@s que tengan unas intenciones parecidas.

Recuérdalo tú , recuérdalo a otros es un verso de un poema de Luis Cernuda que sirvió para dar título a una de los mejores libros que se ha escrito sobre la guerra civil, escrito por el el hispanista y precursor de la historia oral Ronal Frasser. Guardo un recuerdo muy intenso de aquel libro que daba voz por igual a los que la habían tenido por demás por espacio de tres décadas como a los que venían del silencio, del fondo de los callejones, de la humillación en una palabra.
Por lo tanto, este post de los compañeros de Synteshia me parece de un gran acierto, porque la historia siempre la escriben los vencedores y es curioso que cuando se disfruta del poder e incluso se tiene muertos fusilados por el fascismo -como es el caso de Zapatero- todavía se empeñen en mantener y no condenar una historia que no es la suya ni la nuestra.
Sorprende y sonroja una historia como ésta del maquis de Cáceres. En Francia, los caídos españoles en la lucha contra el nazismo gozan de un reconocimento que a nosotros debiera ponernos doblemente rojos. Por ello no acabamos de entender un proyecto de ley de la memoria tan pacato y corto de miras como el que quier llevar a cabo el PSOE. Siempre que leo una noticia como ésta (por cierto gracias por el link del foro de la memoria) o la necrológica de algún viejo sindicalista, o de algún brigadista internacional que se va al otro mundo fijadas en las retinas los campos de Belchite, la Ciudad Universitaria o las montañas de Gandesa, me viene a la memoria la tesis de Walter Benjamin (otro gran olvidado que descansa para siempre en Portbou): "Ni los muertos está a salvo si el enemigo vence. Y este no ha dejado de vencer". ¿Puede ser a caso verdad que en treinta años de democracia el enemigo no haya dejado de vencer?. Como veis es un comentario más de preguntas que de certezas.
Por cierto, este mes de julio se cumplen años también del desastre de Puertollano. Tampoco podré olvidar nunca la ira y la desesperación de la gente del pueblo cuando intentaron agredir (y agredieron) a los representantes de CCOO y UGT). Está claro que la culpa del desatre era sólo de la política criminal de REPSOL en abaratar los costes a base de inventarse empresas contratistas , pero una cosa está clara: cuando la gente sin nombre agrede a sindicalistas es que esos sindicalistas han dejado se ser pueblo, no son culpables pero tampoco comparten el día a día y el sufrimiento del pueblo.
Saludos a Paco de Synteshia, enhoranuena por el artículo y os deseo unas buenas vacacionos. Salud!!



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16 Mar, 2007

Esta pequeña aportación tenía la voluntad de aparecer como comentario en el blog Parlem clar de Rosa Palau, sin embargo, por motivos que desconozco no lo he podido colgar, y como la aportación es de interés contribuyo al debate desde nuestro blog, recordando el vía crucis de Cervera y los de Abrera y Puerto Real.

Este post me parece de un gran acierto. Si no recuerdo mal, Rosa Palau era la presidenta del Comité de Empresa de Lear cuando ésta echó el cierre en Cervera, con lo cual es una voz realmente autorizada. Sobre los últimos cierres hay situaciones que sorprenden, en primer lugar la pretensión de las gerencias de Delphi o de SAS-Abrera de cerrar como quien cierra un bar o una frutería. Esto no sólo es un desprecio para las plantillas afectadas sino un órdago al estado de derecho, al evidenciar que la estrategia de las multinacionales está por encima del poder político democrático. Por otro lado, sorprende que cierre DELPHI de Puerto REAL y no Sant Cugat donde los costes laborales son mucho más elevados y donde la fuerza sindical tiene una tradición histórica de décadas (entre ellas la UGT, cuya sección sinidcal tiene una página web que os recomendamos), lo cual demuestra que no debemos basar la estrategia sindcial en una constante autolimitación de las propuestas de mejora para los trabajadores. Por último y como reflexión final, sorprende el cariz de las movilizaciones de los trabajador@s de Puerto Real frente a la belicosidad tradicional de los astilleros gaditanos. Si a mi me ha sorprendido algo es la preponderancia de los familiares de los trabajadores y las ausencias de éstos, y la falta de la típica parafernalia sindical tanto nuestra como de CCOO.En fin, tiene que haber implicación a diferentes niveles, las matrices están en los países centrales y las posibilidades de implementar tasas del estilo Tobin e incluso medidas de sanción por costes medioambientales o sociales también. Un saludo y una felicitación a Rosa por acordarse de la gente de la Bahía que lo estará pasando tan mal.



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13 Mar, 2007

Los asiduos a la casa del pueblo virtual que es sindicalista.org y del portal de la UGT de Catalunya estamos asitiendo a una catarata de informaciones sobre denuncias en El Corte Inglés; en nuestra web casi la mitad de noticias son relativas a estos grandes almacenes Todos/as sabemos lo que representa esta empresa en el panorama laboral catalán y español: una empresa de talante paternalista y precarizadora de las relaciones laborales. Esta empresa tuvo mucho que ver en la creación del sindicato (¿sindicato?) Fetico, probablemente el sindicato amarillo más grande del estado. En nuestra empresa conocemos muy bien las actitudes propatronales y el miedo surgido de la presión de los mandos a la simple disidencia, cuando no ya a la sindicalización, por ello apoyamos sin reservas a nuestras/os compañeros de la UGT de El Corte Inglés. A través de la unidad, de la confianza en la fuerza del sindicato y de las herramientas del estado de derecho podemos derrotar a un gigante como éste. El SOT-UGT reita la solidaridad con unos/as compañeros/as en una situación complicada y se pone a disposición de lo el sindicato crea oportuno . Saludos y ánimos desde Canovelles!.

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13 Des, 2006

Los compañeros deUGT de la Federación de Servicios Públicos han conseguido entrar por primera vez, en Urbaser la empresa concesionaria de la limpieza en la capital del Vallès Oriental. Nuestro compañero Ginés ha conseguido arrancar un puesto en un comité de cinco delegados/as dominado desde siempre por CCOO. UGT -FSP contará con un representante en el colegio de especialistas para hacer un verdadero sindicalismo de clase contra los privilegios y los intereses acomodaticios. Enhorabuena. Nos vemos en la Casa del Pueblo de Granollers!!



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10 Des, 2006

Este puente hemos conocido un repunte informativo en el tema del debate parlamentario de la LEY DE LA MEMORIA HISTÓRICA. El gobierno ha ofrecido cambios en su proyecto a IU e ERC con tal de conseguir su apoyo en la votación parlamentaria. El Grupo socialista ofrecía a ambos partidos la posibilidad de incluir la revisión de los juicios a los leales a la República y a las clases trabajadoras, pero sin efectos jurídicos.

Es una buena noticia, pero es insufieciente. El gobierno de Zapatero tiene que cerrar de una vez la herida abierta con una ley que restituya la memoria de los represaliados y ponga en la picota a los que se alzaron en armas contra la República y contra el pueblo. La ley de la Memoria histórica debe de empezar por reconcer la asimetría de los "dos bandos". No hubieron dos bandos, sino un gobierno surgido de la legitimidad de las urnas contra una caterva de asesinos y facinerosos que se alzaron en armas contra él. Si todos/as entendemos que -a pesar de la negociación- no es lo mismo el Estado de Derecho que una banda armada ilegítima como ETA, con más razón ese mismo Estado no debe dar carta de igualad a los terroristas que instituyeron el Nuevo Estado Franquista que a los/as que lucharon por defender la Democracia. El gobierno del PSOE tiene la oportunidad histórica de restituir el honor y dignificar la memoria de la flor y la nata del siglo XX: Julián Besteiro, Miguel Hernádez, Lluís Companys, Joan Peiró... todos/as hasta el último/a jornalero ugetista caído bajo las balas de los pelotones de fusilamiento fascistas.

UGT se ha sumado a las críticas de IU, ERC y a los colectivos de recuperación de la memoria. El propio Cándido Méndez ha afirmado: "La democracia española no puede condenar a esas familias al olvido. Tiene que garantizárseles una reparación efectiva en esa ley, porque eso será lo que restañará las heridas abiertas por el dictador" (El País 10/12/06). Es lo justo. El filósofo Walter Benjamin decía en sus Tesis de la Historia que ni los muertos estaban a salvo si ganaba el enemigo, esto fue así durante cuarenta años y no podemos dejar que siga así por los restos. Esperemos del PSOE que profundice en su revisión del proyecto. Lo esperamos como tantos otros compañeros/as lo esperan -sin ir más lejos en esta red con muy buen criterio el bloc de Pepe y compañeros- y así tendremos otra buena noticia que sumar a la muerte de Pinochet, otro matarife infame del siglo XX. Desde estas páginas me sumo a la alegría que sentirá en estos momentos el pueblo de Chile. Nuestro pueblo está hermanado en el dolor y en el olvido. Gratitud eterna para los caídos por la República y por la democracia chilena!! Qué se pudra en el mismo lugar donde esté Franco!.



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1 Nov, 2006

El pasado 31 de octubre UGT de Cayalunya presentó un documento donde se estudia la realidad de los polígonos industriales en Catalunya y se propone diversas actuaciones de mejora.

En esta red sindical predominan las secciones del sector servicios y de actividades públicas ubicadas en los centros metropolitanos de las ciudades. Sólo nuestro caso, pertenecientes a MCA y ubicados en el polígono Can Castell de Canovelles y los compañeros/as de DOGI del Masnou y de FIA representamos al viejo sindicalismo industrial de fábrica. Precisamente por ello, nos interesa en gran medida la propuesta presentada sobre la situación de los polígonos industriales.

La actividad industrial englobada en los polígonos sigue siendo de una gran importancia en el conjunto de la economía catalana. El propio documento en su parte expositiva habla de 884 polígonos repartidos por 171 municipios englobando a más de treinta mil empresas. Sin embargo, a pesar de su magnitud no cuentan como organismos unificados ni con una atención particular por parte de las administraciones. Los/as que trabajamos en los polígonos sabemos de los problemas de acceso, de la dejadez absoluta de las calles y mobiliario, de la suciedad y falta de atencón pública, en fin, del resultado de dejar su futuro al albur del egoismo y la falta de miras de un rosario de empresarios individuales y atomizados. Por ello la propuesta de UGT es de una extraordinario pertinencia. Los polígonos industriales necesitan un atención por parte de las administraciones y de los agentes sociales, y para ello nada mejor que una ley específica que regule y desarrolla todas las potencialidades expuestas en el documento.

Desde el documento se hace una aportación valiente y novedosa que profundiza y es hija de las políticas del Acuerdo por la competitividad firmado hace un par de años. Desde el movimiento sindical nos debemos implicar de lleno en el diseño de políticas industriales y el gobierno que salga de las elecciones de hoy (esperemos que el mismo que el que propuso el acuerdo mencionado) tomen buena nota de las 30 páginas del documento del nuevo modelo de polígono industriales.

Sin embargo, las centrales sindicales deben diseñar también estrategias de organización y de acción sindical y este aspecto en el documento de nuevo modelos de polígonos sólo está apuntado. En efecto en el último punto del documento se esboza una política de relaciones laborales comunes a todo el ámbito del polígono industrial, esbozando la posibilidad de agentes para la igualdad, delegados sindicales etc. Sin embargo, si consideramos a los polígonos industriales como una unidad socioeconómica, con una personalidad jurídica definida y una gestión centralizada ¿no deberíamos empezar a pensar en una organización sindical única para todo el ámbito del polígono?. Qué mejor manera de entrar en la corresponsabilidad de los órganos de gestión del polígono (consorcios de polígonos y CISET) que a través de trabajadores/as elegidos/as democráticamente en el mismo polígono;o de traspasar las experiencias sindicales y los avances de todo tipo de unas fábricas a otras del mismo polígono, o lo que es lo mismo,de las empresas con mayor potencial sindical a las que tienen menos. Al mismo tiempo, una organización única de polígono, transversal a los diferentes sindicatos de ramos, podría descongestionar los trabajos de elcciones sindicales en las federaciones y territorios y ceñirlos al ámbito del polígono, una estrategia que permitiría escudriñar a fondo el polígono, y conseguir trabajadores dispuestos a participar con una voluntad sincera de vocación pública y de servicio dentro del sindicato.

A modo de reflexión -que para esto está el blog del SOT-UGT-de pensamiento en voz alta complemento la propuesta de los polígonos industriales. Desde el movimiento sindical no no hay porqué esperar a que el nuevo gobierno - el que sea- se dé cuenta de la valiosa herramienta que significa este documento. Se puede empezar a trabajar para que, desde el punto de vista de la unidad geográfica y económica que significa un polígono, exista una organización de los trabajadores que se anticipe a una realidad que tarde o tem